Saltar al contenido
JardinerosCosta del Sol

Blog · Riego eficiente y ahorro de agua

Cuánto regar el jardín en verano en la Costa del Sol

«¿Cada cuántos días riego?» es la pregunta equivocada. Lo que decide es cuánta agua retiene tu suelo y cuánta se le está yendo, y eso se comprueba con un destornillador.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

La pregunta llega siempre igual: «¿cada cuántos días riego?». Y la respuesta honesta es que esa es la pregunta equivocada. Un jardín no se riega por calendario, se riega por lo que hay debajo: cuánta agua retiene tu suelo y cuánta se le está yendo.

Lo que sí se puede decir con precisión es lo que falla aquí, porque falla casi siempre lo mismo.

El error que comete casi todo el mundo

Regar poco todos los días. Diez minutos cada tarde parece cuidadoso y es justo lo contrario.

Un riego corto moja los primeros centímetros de tierra y ahí se queda. La planta, que no es tonta, pone las raíces donde está el agua: arriba. Y arriba, en julio, el sol cuece los primeros centímetros de suelo cada día. Has criado una planta con las raíces en el sitio más hostil del jardín, y encima dependiente de ti: el día que faltes dos días, se rinde.

Lo contrario funciona. Riega menos veces y más rato. El agua baja, la raíz la sigue hacia abajo, y a treinta centímetros de profundidad la temperatura y la humedad son mucho más estables. Una planta con raíz profunda aguanta una ola de calor; una con raíz superficial, no.

Lo que pasa bajo tierra

Riego corto, todos los días
4–5 cm

La raíz se queda donde está el agua: arriba, justo en los centímetros que el sol cuece cada día.

Riego largo, espaciado
20–25 cm

El agua baja y la raíz la sigue. A esa profundidad la temperatura y la humedad apenas cambian de un día a otro.

Cómo saber si estás regando bastante

No hace falta ningún aparato. Riega como riegas normalmente y, media hora después, mete un destornillador largo en la tierra. Entra fácil mientras hay humedad y se frena en seco cuando llega a lo seco.

  • Si se para a cuatro o cinco dedos, estás regando en superficie.
  • Si entra veinte o veinticinco centímetros sin esfuerzo, vas bien.

Repite la prueba dos días después. Si a esa profundidad sigue húmedo, todavía no toca regar, por muchos días que hayan pasado. Ese es el calendario de verdad.

La hora importa más de lo que parece

De madrugada, entre las cinco y las ocho. El suelo está fresco, no hay viento y el agua tiene tiempo de entrar antes de que empiece a evaporarse. En pleno mediodía, buena parte de lo que sale del aspersor se va al aire sin llegar a la raíz.

¿Y por la noche, al acostarse? Es peor de lo que parece en esta costa. La humedad ambiente aquí ya es alta, y dejar el follaje mojado ocho horas seguidas es una invitación a los hongos. Mismo agua, mismo dinero, más problemas.

Cada zona del jardín pide lo suyo

Regar todo el jardín igual es cómodo y caro. Las necesidades no se parecen:

Césped

Es lo más exigente con diferencia y lo que más conviene revisar si el recibo del agua duele. Sube la altura de corte en verano: más hoja significa más sombra sobre el suelo, y un suelo a la sombra pierde bastante menos agua que uno rapado. Es el ajuste más barato que existe.

Arbustos y árboles establecidos

Llevan años echando raíz y necesitan mucho menos de lo que se les da. Un riego largo cada una o dos semanas suele bastar. La mayoría de los arbustos mediterráneos que se ven aquí están sobrerregados, no faltos de agua.

Macetas y jardineras

El extremo contrario. Una maceta no tiene de dónde tirar y en agosto puede pedir agua a diario, sobre todo en terraza. Riega hasta que salga por el fondo: si solo mojas la superficie, las raíces del fondo se quedan secas sin que lo veas.

Recién plantado

Nada de lo anterior le vale hasta que arraigue. Necesita agua frecuente el primer verano, sin excepción — y por eso aquí se planta en otoño y no en primavera: lo plantado en octubre llega a su primer agosto con el sistema radicular hecho, y lo plantado en mayo se lo pasa sufriendo.

Tres cosas que ahorran agua de verdad

Por orden de cuánto se nota:

  1. Acolchado. Una capa de corteza, grava o restos de poda triturados sobre la tierra. Frena la evaporación, mantiene el suelo más fresco y de paso ahoga las malas hierbas. Es lo que mejor relación esfuerzo-resultado tiene, y casi nadie lo pone.
Anillo de acolchado de corteza y grava alrededor del tronco de un árbol joven, rodeado de césped.
  1. Goteo donde tenga sentido. En arbustos, setos y arriates, el goteo pone el agua exactamente donde hace falta en vez de repartirla por el aire. En césped no sustituye al aspersor.
  2. Revisar la instalación. Un aspersor girado hacia la acera o un gotero atascado de cal llevan meses trabajando sin que te hayas enterado. Después de un verano a pleno rendimiento siempre hay alguno.

Si vas a estar fuera

Lo más útil que se puede hacer antes de irse tres semanas no es programar más riego: es acolchar y comprobar que el programador funciona de verdad. Déjalo corriendo un ciclo completo delante de ti antes de cerrar la puerta. Las pilas gastadas y las electroválvulas agarrotadas se descubren siempre en el peor momento.

Y en septiembre, no lo apagues de golpe

Cuando bajen las temperaturas hay que reducir, no cortar. Un septiembre seco es perfectamente normal aquí, y una planta que ha pasado el verano justa de agua no perdona dos semanas de olvido cuando ya «parece» que ha refrescado.

Con las primeras lluvias de verdad, entonces sí: baja mucho el riego y aprovecha para preparar el calendario de poda del invierno, que es cuando toca lo serio.

Un apunte de sitio: la altitud cambia bastante las necesidades dentro del mismo municipio. En la parte alta se evapora menos y se riega menos que pegado al mar. Lo contamos en jardineros en Mijas.

¿Prefieres que lo hagamos nosotros?

Cuéntanos qué tienes y te damos precio por escrito en menos de 24 horas.

LlamarWhatsApp