Blog · Olivos y frutales
Se te rajan las naranjas y los limones: es el riego, pero al revés de lo que crees
Aparecen rajados de la noche a la mañana, casi siempre después de la primera tormenta. La causa no es que les haya faltado agua: es que les ha llegado toda de golpe.
Por Sergio Domínguez8 min de lecturaSales al jardín una mañana de septiembre y hay cuatro naranjas abiertas en el árbol y dos en el suelo. La semana pasada estaban perfectas.
La conclusión automática es que al árbol le ha faltado agua, y lo siguiente que hace casi todo el mundo es regar más. Es lo que va a abrir las que quedan.
La piel terminó de crecer antes que el relleno
Un cítrico no crece como un globo que se hincha por igual. La corteza se forma en una primera fase y llega un momento en que deja de crecer: a partir de ahí es una cáscara, y una cáscara no se estira.
La pulpa, en cambio, sigue llenándose durante meses. Mientras el agua le llega de forma regular, la diferencia no se nota y el fruto engorda sin problema.
El mismo fruto, de agosto a la primera tormenta
La corteza se forma antes que el relleno. Durante el verano seco el fruto crece despacio y la piel acaba su trabajo: a partir de ahí es una cáscara, y una cáscara no se estira.
Llega agua de golpe y la pulpa la absorbe. Da igual si viene de la primera tormenta o de que alguien haya subido el riego: el interior se llena en cuestión de días.
Lo que cede es lo que no puede crecer. La piel se abre, casi siempre por la punta. No es que le faltara agua: es que le llegó toda junta.
El problema aparece cuando el aporte de agua pega un salto. La pulpa absorbe deprisa, gana volumen en días, y la corteza no puede acompañar. Lo que cede es lo que no puede crecer, y se abre casi siempre por la punta o por la base.
Así que la causa no es la falta de agua. Es la variación. Un árbol regado escaso pero constante raja mucho menos que uno que pasa del ayuno al banquete.
Por qué aquí pasa en septiembre y no en junio
Esta es la parte local, y explica por qué el problema se concentra en unas pocas semanas.
Venimos de cuatro meses sin una lluvia útil. Durante todo ese tiempo el árbol ha ido tirando con lo que le daba el riego, y la corteza de los frutos se ha formado y endurecido en condiciones de escasez. Está más rígida y con menos margen de lo que estaría en un año repartido.
Y entonces llega el primer temporal. No un chirimiri: una gota fría que descarga en dos horas lo que en otro sitio cae en un mes. En un clima con lluvias repartidas el aporte sube poco a poco y el fruto se adapta. Aquí el salto es vertical.
Hay dos agravantes muy de aquí. El primero es el cítrico en maceta o en alcorque pequeño, que es como está buena parte del arbolado de patio y de terraza en esta costa: con poca tierra alrededor, el cambio de humedad es todavía más brusco que en suelo.

Toda el agua que entra y sale de este árbol pasa por el barro que se ve. La copa es tres veces más ancha que el tiesto, así que cualquier cambio —una tormenta, un riego de más— se nota ahí dentro mucho antes que en un árbol plantado en suelo.
El segundo es de calendario humano. En una zona con tanta segunda residencia, septiembre es también el mes en que vuelve el propietario y reactiva el riego de golpe después de un verano a mínimos. El efecto sobre el fruto es el mismo que el de la tormenta.
Qué hacer cuando ya ha pasado
Un fruto abierto no se cierra. No hay nada que aplicarle, y conviene decirlo antes de que nadie compre ningún producto para eso.
Lo que sí hay que hacer es quitarlos del árbol, y pronto. Una grieta en la corteza es una puerta abierta: se pudre desde ahí, atrae mosca y hongos, y un fruto podrido en la copa es una fuente de problemas para los que están sanos.
Y sí, la pregunta que hace todo el mundo: uno recién abierto se aprovecha. Si lo coges el mismo día y por dentro está sano, se come sin más. Lo que no se aprovecha es el que lleva días abierto en el árbol, aunque por fuera engañe: por la grieta ya ha entrado de todo.
Y ojo con lo que viene después, porque el aviso vale para toda la cosecha. Si se han abierto unos cuantos, los que siguen cerrados están en la misma situación: la misma corteza rígida y el mismo árbol. Las próximas semanas son las que deciden cuántos más se abren.
Y luego, no hacer lo que pide el cuerpo. Después de una tormenta no se riega. El suelo está cargado, el árbol tiene de sobra, y añadir agua encima es repetir exactamente el salto que ha abierto los primeros.
Cómo se evita el año que viene
Todo lo que funciona va en la misma dirección: suavizar la curva, que el árbol no note los cambios de golpe.
No apagar el riego de golpe en otoño. Es el error más común de estas semanas: como ya ha llovido, se corta. Lo que toca es ir bajándolo, igual que se subió. Cuánta agua está llegando de verdad y cómo comprobarlo está en cuánto regar el jardín en verano.
Acolchar. Una capa de material orgánico sobre el alcorque es lo más eficaz que se puede hacer por poco dinero: retiene humedad, amortigua los picos y hace que una tormenta se note bastante menos ahí abajo.
Mirar el alcorque. Si el árbol tiene un hueco ridículo rodeado de solería, cada riego y cada lluvia son un extremo. Ampliarlo resuelve esto y varias cosas más.
Y si está en maceta, pensar en el tamaño. Un cítrico en un tiesto pequeño va a vivir siempre en la montaña rusa. A partir de cierto porte, o baja a suelo o se le da un contenedor que tenga tierra suficiente para amortiguar.
Una cosa más: no lo confundas con otra
Si además de rajarse ves las hojas amarilleando con los nervios todavía verdes, eso es otra cosa y tiene otro arreglo —es clorosis, y lo contamos en hojas amarillas en el limonero—. Pueden darse a la vez, porque las dos tienen que ver con cómo está gestionada el agua, pero no son el mismo problema.
Y si el árbol lleva años sin que nadie lo mire, el rajado suele ser solo lo primero que se nota. En poda de olivos y frutales contamos qué se revisa en un frutal de jardín y cuándo.
El resumen
Un cítrico rajado no está pidiendo agua: está diciendo que le ha llegado demasiada de golpe después de meses de poca.
Quita los frutos abiertos, no riegues después de la tormenta, y de cara al año que viene acolcha y baja el riego poco a poco en vez de cortarlo. Es todo lo que hay, y funciona.