Blog · Olivos y frutales
El olivo que un año se llena y al siguiente no da nada
No está enfermo ni le falta agua. El año que se carga de aceituna se gasta lo que necesitaba para preparar el siguiente, y entra en un balancín que se alimenta solo.
Por Sergio Domínguez8 min de lecturaEl año pasado no dabas abasto: aceituna hasta en las ramas bajas, el suelo lleno y el árbol vencido. Este año has contado las que hay y te sobran dedos.
Lo primero que se piensa es que algo va mal —la poda, el agua, una plaga—. Casi nunca es eso. Es el propio árbol, haciendo exactamente lo que lleva haciendo miles de años, y tiene nombre: vecería.
Qué es la vecería
El olivo alterna. Un año de carga y otro de descanso, y no por casualidad: el año de carga causa el de descanso.
La clave está en el calendario interno del árbol, que es menos intuitivo de lo que parece. Las yemas que darán flor la primavera que viene se forman este verano, al mismo tiempo que el árbol está llenando de aceite las aceitunas de este año. Son dos trabajos caros a la vez y con un solo presupuesto.
Cuando la cosecha es grande, se lo lleva casi todo. El árbol forma pocas yemas de flor, y la primavera siguiente florece poco: año de descanso. Y como ese año apenas gasta en fruto, le sobra para formar yemas a mansalva, así que el siguiente vuelve a cargarse. El balancín se alimenta solo.
La misma energía, dos destinos
Aceituna de este añoEl año de carga se lleva casi todo lo que el árbol tiene.
Yemas para el que vieneSe forman ahora, en verano, con lo que sobre. Y sobra poco.
Y se está decidiendo ahora
Esta es la parte que conviene no pasar por alto. Cuando en enero miras el árbol y ves poca aceituna, eso ya no tiene arreglo: se decidió el verano anterior. Lo que sí puedes tocar es lo que está pasando estas semanas, en agosto y septiembre, mientras el fruto engorda y las yemas se están formando.
Un olivo que en pleno llenado pasa sed no reparte el recorte a partes iguales: sacrifica primero lo que no le va a dar nada este año, que son justamente las yemas del que viene. Por eso un verano duro se paga dos veces, una ahora y otra dentro de nueve meses.
Cómo leer el árbol
Se puede saber bastante antes de que llegue la primavera, y solo hay que fijarse en dos cosas: cuánta aceituna hay y cuánto brote nuevo ha echado.

El olivo no da fruto en madera vieja: la aceituna cuelga de la rama que creció el año anterior. Los brotes claros y tiernos que ves ahora son la madera que dará aceituna la temporada que viene.
Con eso el diagnóstico se hace solo. Mucha aceituna y casi ningún brote nuevo: el año que viene va a ser flojo, no hay de dónde. Aceituna moderada y brotes por todas partes: el año que viene tiene con qué. Y un árbol que ni carga ni brota no está en vecería, está parado por otra cosa —agua, competencia de raíces, o que lleva años sin abrir la copa—.
Qué se puede hacer
Suavizarlo, sí. Eliminarlo, no. Un olivo de secano en un jardín va a alternar siempre un poco, y eso es normal.
Podar todos los años un poco. Es lo que más ayuda y lo que menos se hace. Lo habitual es dejar el olivo tres o cuatro años y darle entonces un repaso fuerte, que casi siempre cae en un año de descanso porque es cuando se ve descuidado — y así se agrava el balancín. Una poda ligera anual mantiene un goteo constante de madera joven, que es donde se produce.
Aclarar en el año de carga. Quitar parte del fruto pronto, cuando todavía es pequeño, libera al árbol para que forme yemas. En un olivar grande no sale a cuenta; en uno o dos árboles de jardín es perfectamente asumible y se nota al año siguiente.
Regar y abonar durante el llenado, no en invierno. El momento en que el aporte cambia algo es este, cuando el árbol está haciendo las dos cosas a la vez. Si tienes riego, agosto y septiembre son los meses que valen. Cómo hacerlo sin desperdiciar la mitad está en cuánto regar el jardín en verano.
Si tu olivo es de adorno, esto se lee al revés
Merece la pena decirlo porque en esta costa la mayoría de los olivos de jardín no están ahí por la aceituna, sino por la sombra y por cómo quedan. En ese caso el año de carga no es una buena noticia, es una molestia: el fruto cae, mancha el pavimento y la terraza, y atrae mosca.
Ahí la decisión sensata es la contraria: aclarar a fondo o quitar el fruto, y podar buscando copa y sombra en vez de producción. Son dos podas distintas y hay que elegir una; lo contamos con detalle en jardineros en Alhaurín y Coín, que es donde más olivo de finca hay.
Lo que no es vecería
Antes de resignarte al balancín, descarta tres cosas que se le parecen y no lo son.
Nunca florece, ningún año. Si el olivo está pegado al mar, lo más probable es que no pase frío suficiente en invierno. El olivo necesita un periodo de temperaturas bajas para poder florear, y en primera línea de playa muchos inviernos no se lo dan. El mismo árbol, veinte minutos hacia el interior, cuaja sin problema. No es vecería y no se arregla podando.
Florece mucho y no cuaja nada. Eso apunta al momento de la floración: lluvia o viento fuerte en esos días tira el polen, y hay variedades que cuajan bastante mejor con otra cerca que las polinice.
Cuaja y luego se cae, pequeña y arrugada. Eso es sed en el momento equivocado, no alternancia. Y suele venir acompañado de hoja mate y brote corto.
En resumen
Si este año no hay aceituna y el pasado sobraba, casi seguro que no tienes un problema: tienes un olivo. Lo que puedes hacer es dejar de agravarlo — poda ligera todos los años, aclareo cuando se cargue y agua en el llenado, y lo que no puedes es esperar la misma cosecha todos los años de un árbol que nunca ha funcionado así.
Cuándo tocar cada cosa, mes a mes, está en el calendario de poda de la Costa del Sol.