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JardinerosCosta del Sol

Mantenimiento de zonas verdes en comunidades y urbanizaciones

La junta cambia. El jardín se queda

Contrato anual, un solo interlocutor y parte escrito de cada visita, para que lo acordado sobreviva al cambio de junta. Presupuesto por escrito en menos de 24 horas.

  • Parte mensual con lo hecho, lo visto y lo que conviene prever
  • Un interlocutor, no un teléfono abierto a la comunidad
  • Escrito dónde acaba lo ordinario y empieza lo extraordinario

Cuéntanos cómo es la urbanización

Número de portales, zonas verdes y si hay arbolado o palmeras.

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Qué entra

Tres frentes y un cuaderno

En un jardín particular el cliente ve el trabajo todos los días. En una comunidad no lo ve nadie entero, así que la cuarta pata es dejar constancia.

Zonas verdes y viales

Siega, perfilado y limpieza de parterres, con las visitas repartidas por temporada. En zonas comunes lo que se nota no es la siega: es el borde sin perfilar y la hoja acumulada en la entrada.

Arbolado y palmeras

Revisión del arbolado, poda en su época y vigilancia de las palmeras. Es la partida que más tarde se mira y la que más cara sale cuando se mira tarde.

Riego comunitario

Revisión de sectores, goteros y programador, y aviso cuando el consumo no cuadra. Una fuga enterrada en una zona común puede pasar meses sin que nadie la vea.

Parte de cada visita

Qué se hizo, qué se vio y qué conviene prever, por escrito y con fecha. No es burocracia: es lo único que sobrevive al cambio de junta.

Lo que nadie cuenta

Una comunidad no tiene memoria

Es la diferencia de fondo con un jardín particular, y explica casi todo lo que sale mal. La junta cambia, el administrador puede cambiar y los vecinos van y vienen, pero el jardín lleva ahí veinte años y va a seguir.

El efecto práctico es que lo que no está escrito, no existe. Se propone algo, no se aprueba, y tres años después el problema aparece otra vez como si fuera nuevo. O se acuerda una frecuencia y nadie recuerda cuál era. O se planta algo donde no cabía y quien lo decidió ya no vive allí.

Por eso el parte mensual no es papeleo. Es el único hilo que une una junta con la siguiente, y es lo que convierte «el jardinero dice que hay que hacer algo con ese árbol» en un aviso con fecha que se puede llevar al orden del día.

Hablemos del precio

Los metros cuadrados dicen menos de lo que parece

Es el dato que siempre se pide primero y el que menos ordena. Dos urbanizaciones con la misma superficie verde pueden llevar el doble de horas la una que la otra.

  • Cuántas piezas, no cuántos metros. Dos mil metros en una pradera se siegan de una pasada. Los mismos dos mil repartidos en veinte parterres entre bloques son veinte arranques, veinte bordes y el triple de tiempo.
  • Qué arbolado hay y en qué estado. El arbolado maduro decide la partida de trabajos en altura, que es la que se presupuesta aparte y la que más disgustos da cuando no se ha previsto.
  • Cómo está el riego. Un sistema comunitario que funciona se mantiene en una visita. Uno con sectores averiados convierte el contrato en reparaciones disfrazadas de mantenimiento, y mientras tanto el contador sigue corriendo.
  • El calendario de uso. En una urbanización de alquiler no se puede hacer ruido en agosto. Concentrar lo pesado fuera de temporada no encarece: obliga a planificar, que es distinto.

Vamos, lo recorremos con quien la comunidad designe y mandamos el presupuesto por escrito, con lo que entra y lo que no. Si hay algo que conviene arreglar antes de firmar nada, también se dice.

Dónde trabajamos

Cada municipio tiene su tipo de comunidad

No se parece una urbanización de villas con parcela a un bloque con dos parterres y una piscina. Cada página cuenta lo suyo.

Dudas frecuentes

Lo que más nos preguntan los administradores

¿Con quién tratáis, con el administrador o con el presidente?

Con quien la comunidad diga, pero con uno solo. Lo que no funciona es el teléfono abierto a los vecinos: acaba con instrucciones que se contradicen, trabajos pedidos dos veces y nadie sabiendo quién autorizó qué. Un interlocutor y un canal, y todo lo demás por escrito.

¿Qué pasa cuando cambia la junta?

Que se pierde la memoria, y esa es la razón de ser del parte mensual. El histórico escrito es lo que evita que cada junta nueva vuelva a descubrir el mismo problema desde cero, y lo que permite justificar por qué se propuso algo hace dos años. Sin eso, la comunidad repite decisiones y paga dos veces por lo mismo.

¿Entra todo o hay cosas que se facturan aparte?

El mantenimiento ordinario entra: siega, recorte, riego, limpieza y retirada de restos. Lo que se presupuesta aparte es lo extraordinario —trabajos en altura, tala, reformas, reposición de planta— y conviene que en el contrato esté escrito dónde está esa frontera. Si un presupuesto no la define, no es más barato: es menos concreto. Qué mirar en el contrato, punto por punto.

¿Se puede trabajar en temporada alta?

Se puede, pero se planifica distinto. En urbanizaciones con alquiler vacacional hay meses en los que un desbroce a las nueve de la mañana genera más quejas que un jardín descuidado, así que lo que hace ruido se concentra fuera de esos meses y en verano se entra temprano y con lo justo.

¿Hace falta un contrato anual?

Lo planteamos así porque el jardín funciona por temporadas y saltarse una se paga en la siguiente, pero es un argumento, no una atadura. Lo que sí conviene a una comunidad es que el acuerdo esté cerrado antes de la temporada fuerte y no en abril, con todo disparado y tres presupuestos por comparar.

¿Lo vemos antes de la próxima junta?

Recorremos la urbanización y mandamos el presupuesto por escrito, con lo que entra y lo que no, para que se pueda comparar de verdad.

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