Blog · Zonas verdes en comunidades
Las raíces están levantando el pavimento: qué se puede hacer y qué no
La primera reacción en la junta siempre es la misma: cortad esa raíz. Es la que más problemas trae, y viene de creer que la raíz baja en vertical.
Por Sergio Domínguez9 min de lecturaPrimero fue una baldosa suelta. Luego dos. Ahora hay un tramo de acera que sube como una ola, alguien ha tropezado y el tema entra en el orden del día de la junta.
Y en la junta sale siempre la misma frase: «pues que corten esa raíz». Es la reacción natural, es lo más barato de decir y es de las peores cosas que se pueden hacer.
La raíz no es un reflejo de la copa
Casi todo el mundo se imagina un árbol como una figura simétrica: lo que sube por arriba, baja por abajo. De ahí salen las dos ideas que causan el problema —que se puede cortar lo que asoma sin consecuencias, y que plantar a dos metros de un edificio no tiene mayor importancia—.
El mismo árbol, dos ideas
Lo que se imagina: una raíz que baja tanto como sube la copa.
Lo que hay: un plato ancho y somero que llega bastante más lejos que la sombra del árbol, y que pasa por debajo del pavimento.
La realidad es la contraria. La mayor parte de la raíz de un árbol vive en el primer medio metro de suelo, y se extiende hacia los lados bastante más allá de donde llega la sombra de la copa. No es una columna: es un plato.
Y aquí el riego lo empeora
Esta parte es local y explica por qué el problema aparece antes en una urbanización de esta costa que en un parque del norte.
Con cuatro meses sin lluvia útil, el agua de una zona verde la pone el riego, y el riego la pone arriba. La raíz va donde está el agua, así que un arbolado rodeado de césped regado a diario acaba con un colchón de raíces pegado a la superficie, justo debajo del pavimento. Es el mismo mecanismo que hace que un césped regado poco y a menudo críe raíz superficial, contado en cuánto regar el jardín en verano.
Y en buena parte de la franja costera hay otro factor: suelo poco profundo sobre roca. Cuando la raíz no puede bajar, solo le queda una dirección.

Por qué cortar la raíz que levanta la baldosa es mala idea
Porque esa raíz gorda que ves asomando no está ahí para beber. A ese grosor y a esa distancia del tronco, lo que hace es sujetar el árbol.
Cortarla tiene dos consecuencias, y ninguna se ve el día que se corta. La primera es que el árbol pierde anclaje por ese lado, y eso se cobra el día del temporal de levante, no el martes siguiente. La segunda es que un árbol no cicatriza una herida de raíz como se cicatriza un corte en una rama: la pudrición entra por ahí y avanza hacia el tronco durante años.
Lo que decide si un corte es asumible o no es a qué distancia del tronco está y qué grosor tiene, y eso se mide, no se calcula a ojo desde la acera. Es exactamente el tipo de decisión que no debería tomar quien viene a arreglar el pavimento.
Lo que sí funciona
Ampliar el alcorque. Muchas veces el conflicto es que el árbol tiene un hueco ridículo y todo lo demás está sellado. Darle superficie libre alrededor resuelve el presente y previene el futuro.
Cambiar el pavimento en esa franja, no el árbol. Una baldosa rígida sobre mortero se rompe; un pavimento flexible, una banda de zahorra o unas losas sueltas sobre arena se levantan, se recolocan y se olvidan. En zonas comunes es la solución que menos discute nadie porque no obliga a tocar el arbolado.
Lámina antirraíz al reponer, que no impide que la raíz crezca pero sí la desvía hacia abajo en el tramo donde molesta.
Y lo que no funciona: podar la copa para «frenar» la raíz. Reducir el árbol por arriba no encoge lo que ya hay abajo, y de paso te deja un árbol peor.
Cuando la solución es cambiar el árbol
A veces la especie está mal elegida y no hay arreglo bueno. El ficus es el caso de libro en esta costa: crece enorme, sus raíces son agresivas y hay muchos plantados en jardines de urbanización de los años setenta como si fueran a quedarse pequeños. Con chopos, sauces y eucaliptos pasa parecido.
Si toca sustituir, la conversación empieza por el tamaño adulto y no por cómo queda el ejemplar en el vivero. Junto a pavimento funcionan mucho mejor árboles de porte contenido —crespón, árbol del amor, cítricos, olivo— que además piden poca agua. Y el momento de plantarlo no es cualquiera: aquí se planta en otoño.
Antes de encargar nada, dos comprobaciones
De quién es el árbol. Parece obvio y no lo es: en muchas urbanizaciones el arbolado que levanta la acera está en suelo público aunque la acera la use la comunidad. Cambia quién decide, quién paga y quién responde, así que conviene mirarlo antes de contratar a nadie.
Que lo mire alguien que sepa de árboles. Un arbolado maduro en zona común es un asunto de seguridad además de estético, y la decisión de cortar raíz o no es técnica. Que esté por escrito, con qué se hace y con qué no, es justamente lo que debería estar en el contrato de mantenimiento —lo contamos en qué mirar antes de firmarlo—.
Un apunte de sitio: donde más se ve esto es en las urbanizaciones de los sesenta y setenta, con arbolado plantado demasiado cerca del edificio cuando aún era pequeño. Lo contamos en jardineros en Torremolinos.
El resumen
La raíz que levanta la baldosa lleva veinte años ahí y no se ha movido de sitio: lo que ha cambiado es que ha engordado. Casi siempre sale mejor y más barato adaptar el pavimento que agredir al árbol, y cuando de verdad hay que cortar, la decisión se toma midiendo y con alguien que responda de ella.