Blog · Jardín mediterráneo
Por qué aquí se planta en otoño y no en primavera
La primavera es buena época para plantar donde el enemigo es el frío. Aquí el enemigo es julio, y eso da la vuelta al calendario entero.
Por Sergio Domínguez7 min de lecturaCasi todo lo que se lee sobre plantar da por hecho una cosa: que el enemigo es el invierno. Que hay que esperar a que pase el frío, plantar en primavera y dejar que la planta se haga durante el buen tiempo.
Es un consejo excelente. Para otro sitio. Aquí el invierno no mata nada, y lo que sí mata, todos los años y sin fallar uno, es julio.
El calendario está invertido porque el enemigo es otro
Donde hiela de verdad, plantar en noviembre es condenar a la planta: en suelo helado la raíz no crece, y una planta que no enraíza en cuatro meses de invierno llega a la primavera peor que cuando la metiste. Por eso en media España se planta en primavera y por eso lo dicen todos los manuales.
En esta costa el suelo no se hiela. Lo que hay, con la puntualidad de un reloj, es un verano de cuatro meses sin una lluvia aprovechable, y una planta recién puesta se lo juega todo ahí. Así que la pregunta útil no es cuándo hace mejor tiempo para plantar. Es cuánto tiempo le estoy dando a esta planta para hacer raíz antes de su primer julio.
Formulada así, la respuesta se cae sola.
Lo que crece antes de que llegue el calor
Plantada en noviembre
8 meses
Ocho meses de suelo templado y lluvia para hacer raíz. Arriba no se ve nada, y es exactamente lo que tiene que estar pasando.
Plantada en marzo
4 meses
Se incorpora a mitad de camino y con la misma fecha de examen. Le queda la mitad de tiempo, y encima repartido entre brotar y enraizar a la vez.
Y no son cuatro meses contra ocho de la misma calidad. Los cuatro de la planta de primavera incluyen mayo y junio, cuando ya está brotando y gastando, y terminan justo cuando empieza lo serio. Los ocho de la de otoño son meses tranquilos en los que la planta no tiene que hacer nada más que agarrarse.
Qué está haciendo la planta todo ese tiempo
Aparentemente, nada. Es la parte que desanima a quien planta en noviembre: pasan semanas, no sale una hoja nueva y da la sensación de haber enterrado un palo.
Abajo está pasando lo único que importa. Sin hojas nuevas que alimentar ni calor que evaporar el agua, la planta puede dedicar todo lo que tiene a la raíz, y lo hace en un suelo que aquí sigue templado y que además se moja solo. Es la única época del año en que enraizar no compite con nada.
La diferencia se ve en marzo. La planta de otoño brota con el sistema de raíces ya montado y solo tiene que ocuparse de crecer. La de primavera brota y enraíza a la vez, con el mismo depósito y con el reloj en contra.
La ventaja que solo existe en invierno: la raíz desnuda
Hay una segunda razón para plantar en estos meses y es puramente práctica. En parada vegetativa se venden plantas a raíz desnuda: sin maceta y sin tierra, tal cual salen del campo del vivero. Rosales, frutales de hoja caduca, setos de caducifolia. En mayo esa opción sencillamente no existe.

Interesa por tres cosas. Sale bastante más barata que la misma planta en contenedor. Puedes ver la raíz que estás comprando antes de pagarla, que es un lujo que no tienes con un cepellón tapado. Y te ahorra el problema clásico de la maceta: la planta que lleva demasiado tiempo en un tiesto pequeño y trae las raíces dando vueltas sobre sí mismas, que si no se abren a mano siguen dando vueltas bajo tierra durante años.
Si compras en contenedor —que es lo normal para casi todo lo mediterráneo—, saca la planta del tiesto en el vivero y mírale la raíz antes de decidir. Es información gratis.
Cuándo exactamente
Octubre y noviembre son la ventana buena. El suelo conserva el calor del verano y las primeras lluvias hacen el trabajo de asentar la tierra alrededor de la raíz mucho mejor que una manguera.
Diciembre y enero van bien, sobre todo para raíz desnuda y para todo lo de hoja caduca, que está en plena parada. Enraíza más despacio, pero enraíza.
Febrero es el último tren cómodo. A partir de ahí cada semana que pasa es una semana menos de margen. Marzo todavía se puede, contando con que vas a tener que regar más el primer verano. Abril ya es apurar.
De mayo a septiembre, solo si no queda otra. Se puede hacer, y de hecho se hace continuamente en obra nueva, pero entonces esa planta no es una planta de jardín: es un cultivo, y hay que regarla como tal durante meses. Nadie avisa de eso cuando vende el plantón en junio.
Plantar en otoño no te libra del primer verano
Conviene decirlo, porque es donde se rompe la ilusión. Una planta de primer año hay que regarla en su primer verano, la hayas puesto en noviembre o en marzo. Lo que cambia es el margen: la de otoño tiene raíz suficiente para aguantar un despiste de unos días; la de primavera, no.
Ese primer verano es exactamente donde se decide si el dinero que gastaste en la planta valió para algo, así que merece la pena hacerlo bien. Lo contamos entero en cuánto regar el jardín en verano, y el resumen es que casi todo el mundo riega poco y a diario cuando debería regar mucho y espaciado.
Las excepciones, que confirman de dónde sale la regla
La regla no es «otoño es mágico». Es «dale a la planta todo el tiempo posible antes de su peor estación». En cuanto la peor estación cambia, la fecha cambia con ella.
Lo subtropical sensible al frío va al revés. Un aguacate o un chirimoyo jóvenes tienen más que temer de una helada que de un agosto, sobre todo tierra adentro. A esos les conviene la primavera: todo el verano por delante, con riego, para llegar hechos a su primer invierno.
Las palmeras también. Enraízan con el suelo caliente, y moverlas en pleno invierno es la mejor forma de que se queden paradas medio año. Eso sí, si trasplantas una palmera en meses cálidos, ten presente que el picudo rojo vuela precisamente entonces y que cualquier herida fresca es una invitación.
Lo que va a maceta se libra de casi todo esto, porque el sustrato lo controlas tú. Ahí la fecha importa mucho menos que el tamaño del tiesto y el riego.
Un apunte de sitio: esto de las heladas no es igual en toda la provincia. Pegado al mar no hiela prácticamente nunca, pero en el valle, sin el mar amortiguando, las noches de invierno bajan bastante más y la lista de lo que aguanta se acorta. Lo contamos en jardineros en Alhaurín y Coín.
¿Y si ya la plantaste en primavera?
No hay que arrancar nada. Lo que hay que hacer es tratarla como lo que es durante este primer verano: una planta sin raíz suficiente, y eso significa dos cosas concretas.
Una, no fiarte del riego general del jardín. Un aspersor calculado para un césped hecho o para arbustos asentados no llega donde tiene que llegar en una planta cuyo cepellón sigue siendo del tamaño de la maceta en la que vino: hay que mojar ese cepellón, no el metro cuadrado de alrededor.
Y dos, acolchar. Una capa de material orgánico sobre el suelo baja mucho la evaporación justo en los centímetros donde esa planta tiene toda su raíz. Es lo más barato que puedes hacer por ella en agosto y lo que más se nota.
En resumen
Si estás leyendo esto en verano, la respuesta corta es espera a octubre. No porque plantar ahora sea imposible, sino porque esperar seis semanas te sale gratis y te ahorra un verano entero de riego de rescate.
Y aprovecha la espera para lo que sí toca ahora: decidir qué va dónde, mirar cuántas horas de sol da cada rincón de verdad y dejar preparado el calendario de poda del invierno, que cae en las mismas fechas.