Blog · Jardín mediterráneo
La buganvilla no florece: está demasiado bien cuidada
Está enorme, verde y preciosa, y no da una flor. Casi nunca es que le falte algo: es que no le falta nada, y a esta planta eso le quita las ganas.
Por Sergio Domínguez8 min de lecturaLa del vecino es una pared morada y la tuya es un seto verde. Misma calle, misma orientación, y la tuya la riegas y la abonas, que él no le hace ni caso. Y ahí está exactamente el problema: tú la cuidas y él no.
Lo primero: eso de color no son flores
Merece la pena aclararlo porque de ahí sale todo lo demás. Lo morado, lo fucsia o lo naranja de una buganvilla no son pétalos: son hojas. Se llaman brácteas y son hojas modificadas que la planta tiñe para que se vean. La flor de verdad es la trompetita blanca o amarilla que sale en el centro, del tamaño de una lenteja, y no la mira nadie.

Las tres piezas rosas son brácteas —hojas—, y las dos flores de verdad son las trompetitas del centro. Alrededor, hoja normal de la misma planta. Es la misma pieza pintada de otro color.
¿Y por qué importa? Porque si el color es una hoja, se forma donde se forman las hojas: en el brote nuevo. No es una flor que la planta prepara aparte con sus reservas. Es lo que hace la punta de una rama cuando decide que ya no va a alargar más.
Aquí florece cuando lo pasa un poco mal
La buganvilla viene de sitios secos y ha aprendido a comportarse en consecuencia. Mientras tenga agua y comida de sobra, hace lo que haría cualquier planta que puede permitírselo: crecer. Tallo nuevo, hoja nueva, y otra vez. No tiene ninguna prisa por reproducirse, porque le va bien.
Cuando el agua empieza a escasear, el brote deja de estirarse. Y es justo entonces, en la punta de ese brote parado, cuando aparece el color. Dicho del revés, que es como se entiende: una buganvilla que no para nunca de crecer no llega nunca a florecer.
El mismo tallo, de principio a fin
Con agua de sobra, alarga. Todo lo que la planta fabrica se va en tallo nuevo y en hoja. Está creciendo, está sana y está preciosa, y no tiene ningún motivo para hacer otra cosa.
Cuando el agua baja, se para. El tallo deja de estirarse. No se está muriendo: ha dejado de invertir en crecer, y eso libera lo que estaba gastando en ello.
Y es entonces cuando saca color. Las brácteas salen en la punta del brote que ha parado. Por eso una buganvilla regada como el césped se queda verde: nunca llega a pararse.
Con el abono pasa lo mismo y aún más marcado. El nitrógeno —lo que hace verde y grande al césped— es exactamente la orden de «sigue creciendo». Una buganvilla bien regada y bien abonada de nitrógeno es una máquina de hacer hoja, y funciona perfectamente. Lo que pasa es que no es para lo que la plantaste.
Y aquí el riego no es tuyo: es del jardín
Esta es la parte local, y es la que explica por qué pasa tanto en esta costa. La buganvilla casi nunca está sola en una maceta con su riego aparte. Está en el arriate que rodea el césped, colgando del mismo programador, o trepando por el muro de una zona que se riega entera con el mismo sector.
Y un césped en esta costa se riega mucho y a menudo, porque si no se muere. Así que la buganvilla recibe, todos los días de mayo a septiembre, el riego pensado para una planta que necesita justo lo contrario que ella. Encima, cuando se abona el césped, parte de ese nitrógeno acaba en sus raíces, que están debajo del mismo sitio.
Esto se comprueba en dos minutos y sin herramientas. Mira de qué gotero o de qué aspersor le llega el agua a tu buganvilla. Si la respuesta es «del mismo que al césped» o «del mismo que a todo el arriate», ya tienes el diagnóstico, y no hace falta buscar más lejos.
Qué cambiar, y por qué ahora
- Sepárala del riego del césped. Es lo único que arregla el fondo. Si el sector no se puede partir, se le puede tapar el gotero propio y dejar que viva de lo que le llegue de rebote: en un suelo de aquí, una buganvilla establecida aguanta mucho más de lo que la gente cree.
- Deja que se seque entre riegos. No se trata de matarla de sed, sino de que el suelo llegue a secarse de verdad antes del siguiente riego. Ese vaivén es la señal que la planta está esperando.
- Quítale el nitrógeno. Si abonas el césped que tiene debajo, estás abonándola a ella. Y si le echas abono a ella, que sea uno de floración, no uno de crecimiento.
- Podarla ayuda, porque obliga a rebrotar. Cada brote nuevo que se para es una tanda de color más. Una buganvilla que no se toca nunca acaba floreciendo solo en la punta de arriba, que es la única parte que sigue renovándose.
- Y en maceta florecen mejor, aunque parezca injusto. No es que la maceta tenga nada mágico: es que en una maceta la planta se queda sin agua sola cada pocos días. Le pasa lo que en el jardín hay que provocarle a mano.
Lo de ahora tiene sentido por dos motivos. Uno, que en septiembre hay que tocar el programador de todas formas, porque el programa de agosto en septiembre sobra. Y dos, que todavía queda temporada por delante: un brote que se para en las próximas semanas llega a sacar color antes de que refresque de verdad. Cómo se sabe cuánta agua está recibiendo de verdad una planta lo contamos en cuánto regar en verano.
Cuándo sí le pasa algo de verdad
No todo es exceso de cuidados. Hay tres casos en los que la planta tiene un problema real y cambiar el riego no va a arreglar nada:
- Está a la sombra. Es el único fallo que no se puede compensar con nada. Una buganvilla necesita sol directo y muchas horas; a media sombra vive, crece y no florece nunca. Si la tuya está bajo un árbol o en una pared que solo coge sol un rato, ese es el motivo y la solución es moverla.
- Se plantó hace poco. El primer año, o los dos primeros, se dedica a hacer raíz. Es normal y no hay nada que hacer más que esperar.
- Se le tocó la raíz. Un trasplante, una zanja al lado, una obra. Le cuesta bastante y tarda en volver a lo suyo.
Y una cosa que no es un problema: que en invierno se quede medio pelada. Aquí no suele helar, pero con el frío pierde hoja y se para, y eso es lo que le toca hacer. Lo que sí conviene es no meterle la tijera a destiempo: hay cosas que no se podan en otoño precisamente porque se les quita la floración siguiente.
En resumen
El color de una buganvilla son hojas, y salen en la punta de un brote que ha dejado de alargar. Por eso florece cuando pasa un poco de sed y se queda verde cuando no le falta nada. En los jardines de aquí el culpable casi siempre es el riego del césped, que le llega de rebote todos los días, más el nitrógeno del abono de ese mismo césped. Sepárala de ese riego, deja que el suelo se seque entre uno y otro, y quítale el nitrógeno. Si aun así no florece, mírale las horas de sol: eso es lo único que no se arregla regando menos.