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JardinerosCosta del Sol

Blog · Olivos y frutales

Al limonero se le ponen las hojas amarillas y los nervios verdes

El hierro ya está en tu tierra. El problema es que en un suelo calizo la raíz no puede cogerlo, y por eso el saco de sulfato de hierro no hizo nada.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

El limonero echa la brotada de final de verano y sale amarilla. No mustia, no seca: amarilla, con los nervios marcados en verde encima del amarillo, como una hoja dibujada a lápiz. Y lo primero que hace casi todo el mundo es regar más y echar abono, que son las dos cosas que no lo arreglan.

Mira el dibujo del amarillo, no el amarillo

Una hoja amarilla no dice nada por sí sola. Lo que dice algo es por dónde empieza el amarillo y qué partes se salvan, y con eso se separan tres cosas que se tratan de forma distinta:

  • Amarillo entre los nervios, con los nervios verdes, y en las hojas nuevas de la punta. Eso es falta de hierro. Es de lo que va este artículo.
  • Hoja pálida entera, nervios incluidos, y empezando por las hojas viejas de abajo. Eso apunta a nitrógeno, y sí se corrige abonando.
  • Borde de la hoja seco y tostado, con el centro verde. Eso no es una carencia: es sal acumulada. Lo contamos entero en por qué se queman las hojas por los bordes, y ahí regar más lo empeora en vez de arreglarlo.
Hojas de hibisco con el limbo amarillo pálido y los nervios marcados en verde oscuro, junto a otras hojas del mismo arbusto que siguen verdes enteras.

Este es el dibujo que hay que buscar: el limbo se aclara y los nervios se quedan verdes, marcados encima. La foto es de un hibisco —que aquí está en todos los jardines y hace lo mismo en suelo calizo— porque se ve mejor que en una hoja de cítrico, pero el patrón es idéntico. Al fondo, hojas del mismo arbusto todavía verdes enteras.

El detalle de que sean las hojas nuevas y no las viejas no es un adorno del diagnóstico: es la prueba. El hierro, una vez está dentro de una hoja, se queda ahí; el árbol no puede sacarlo para mandarlo a la brotada nueva. Por eso, cuando falta, las hojas viejas siguen verdes tan tranquilas y el amarillo aparece solo en lo que sale ahora. Si lo amarillo es lo de abajo y lo de arriba está verde, no es esto.

No le falta hierro a tu tierra

Esta es la parte que cuesta creer. Hierro hay. Hay en casi cualquier suelo del mundo, y en el tuyo también. Lo que no hay es hierro que la raíz pueda coger, que es otra cosa.

El hierro solo entra en la planta si está disuelto en el agua del suelo, y lo que decide si se disuelve es el pH. En un suelo ácido está disponible. A partir de pH 7,5 —el de cualquier suelo calizo— precipita: se convierte en compuestos sólidos que se quedan ahí, tocando la raíz, sin que la raíz pueda hacer nada con ellos. El árbol está sentado encima de una despensa cerrada.

Y esto se comprueba en casa en un minuto. Coge un puñado de tierra de debajo del árbol, ponlo en un plato y échale un chorro de vinagre. Si burbujea y hace espuma, hay caliza, y con caliza hay pH alto. En los jardines de la costa suele burbujear.

Y en una urbanización el suelo suele ser peor que calizo

Un jardín en ladera de Mijas, Benalmádena o Fuengirola casi nunca está sobre tierra de campo. Está sobre relleno: lo que se movió al aterrazar la parcela, más el escombro de la obra, más los restos de mortero y hormigón que se quedaron enterrados donde se lavaron las herramientas. Y el cemento es cal. Un arriate pegado a un muro o al borde de la piscina es, muchas veces, el peor sitio del jardín en este sentido, y eso no se ve desde arriba.

Encima, el agua con la que riegas también trae cal. Cada riego deja un poco, y después de un verano entero regando a diario lo que hay bajo el árbol tiene más carbonato que en mayo. Por eso la brotada que sale amarilla es la de septiembre y no la de marzo: es el momento del año en que el suelo lleva más cal encima.

Es una de esas cosas que se repiten calle por calle. En las zonas de ladera —Mijas, Benalmádena— el problema suele ser el relleno; en las parcelas llanas de abajo, el agua.

Por eso el saco de sulfato de hierro no le hizo nada

Es la compra que hace todo el mundo, y es lógica: la hoja pide hierro, el saco pone hierro, el saco es barato. El problema es que el sulfato de hierro es hierro suelto, y el hierro suelto en un suelo calizo dura lo que tarda en tocar el suelo. Se oxida, precipita, y vuelves a estar donde estabas: hierro en la tierra que la raíz no puede coger. Has añadido un problema al problema.

Lo que sí funciona es el hierro quelatado. Un quelato es una molécula que envuelve al átomo de hierro y no lo suelta, así que el pH del suelo ya no puede tumbarlo. Pero hay quelatos y quelatos, y aquí la letra pequeña decide: el EDTA se deshace por encima de pH 6,5 y el DTPA no aguanta un suelo calizo entero. El que hay que buscar en la etiqueta es el EDDHA, que se mantiene estable con el pH que tenemos aquí. Es más caro por saco y es el único que va a hacer algo.

El mismo suelo, el mismo hierro, dos formas

No es que un saco lleve más hierro que el otro. Es que en una tierra caliza el hierro suelto se vuelve insoluble en cuanto toca el suelo y se queda ahí, a un palmo de la raíz y fuera de su alcance. El quelato es una molécula que lo lleva envuelto y no lo suelta, así que llega entero.

Cómo se aplica, para no tirarlo

  • Al suelo, con el agua de riego, no a la hoja. El hierro por vía foliar pone verde la hoja que moja y ninguna más, porque —otra vez— el árbol no lo mueve de una hoja a otra. Sirve de parche para una planta concreta; no resuelve el árbol.
  • En la zona donde hay raíz, que es todo el círculo bajo la copa, no un agujero junto al tronco.
  • Antes de la brotada, no cuando ya ha salido amarilla. Una hoja que salió clorótica se queda así; lo que se decide con la aplicación es de qué color sale la siguiente.
  • Y sabiendo que es un apaño que se repite. El quelato no baja el pH del suelo: lo esquiva. Mientras el suelo siga siendo el que es, el árbol lo seguirá pidiendo.

Lo que arregla el fondo, que es más lento

Bajar el pH de un suelo calizo entero no se puede: hay demasiada cal como para neutralizarla. Lo que sí se puede es mejorar el trozo donde vive la raíz, y eso se hace con materia orgánica. Compost y acolchado, cada año, sin cavar. Al descomponerse acidifica un poco esa zona y, sobre todo, libera compuestos que mantienen el hierro disponible por su cuenta. Es el mismo gesto que mejora la retención de agua, así que no es trabajo aparte.

Ayuda también quitar lo que agrava: un riego encharcado empeora una clorosis, porque una raíz sin oxígeno absorbe peor, y un suelo compactado hace lo mismo. Si el amarillo aparece justo después de una racha de riegos largos y el suelo tarda en escurrir, ahí hay medio problema.

Cuándo no es hierro

Si el árbol lleva años amarillo, no reacciona a nada y además está parado —brotes cortos, hoja pequeña, ramas que se secan de la punta hacia dentro—, lo probable es que no sea una carencia sino la raíz: asfixia por exceso de agua, un cepellón que nunca salió de su hoyo, o un cuello enterrado. Ahí el quelato es dinero tirado.

Y si lo que tienes amarillo es un olivo y no un cítrico, ojo, porque el olivo aguanta la caliza mucho mejor y raramente hace clorosis. En un olivo, un año raro suele explicarse por otra vía: la vecería y lo que el árbol decidió el año pasado.

En resumen

Hoja nueva amarilla con los nervios verdes es falta de hierro disponible, no falta de hierro. La causa es el suelo calizo de la costa, agravado por el relleno de obra y por el agua dura del riego. El sulfato de hierro no lo corrige porque se bloquea igual que el que ya había; lo que lo corrige es un quelato EDDHA al suelo, antes de la brotada, sostenido con materia orgánica año tras año. Y si el árbol además está parado, deja el saco donde está y mira la raíz.

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