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Blog · Mantenimiento del césped

Recuperar el césped después del verano: qué hacer en septiembre

Antes de comprar un saco de semilla hay que contestar una pregunta: si tu césped se pone feo en verano o en invierno. Según cuál sea, el plan de septiembre es el contrario.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

A finales de agosto el césped de media Costa del Sol está para enmarcarlo: amarillo por zonas, calvo por otras y con algún cerco raro donde antes había hierba. El impulso natural es ir a comprar un saco de semilla.

Espera un momento, porque en la mitad de los casos ese saco es dinero tirado y encima te complica el año que viene.

Primero: ¿tu césped se pone feo en verano o en invierno?

Es la única pregunta que hay que contestar antes de tocar nada, porque en esta costa conviven dos familias de gramíneas que funcionan al revés la una de la otra, y muchas veces en la misma urbanización.

Las de verano —grama o bermuda, kikuyu, zoysia, San Agustín— crecen con calor. En julio están en su mejor momento si tienen agua, y lo que hacen en invierno es ponerse pajizas y pararse. Corren por estolones: tallos rastreros que van tapando el suelo por su cuenta.

Las de invierno —ray-grass, festuca— son justo lo contrario: verdes de octubre a mayo y en apuros de julio a septiembre. Y crecen en mata, cada planta en su sitio, sin rastreros que exploren alrededor.

Si no sabes cuál tienes, no hace falta un manual: piensa en qué mes se pone fea. Y tira de una brizna del borde de un calvo. Si sale un tallo largo pegado al suelo, con nudos y raicillas cada pocos centímetros, es de verano. Si sale una mata suelta, es de invierno.

La diferencia no es una curiosidad botánica. Decide qué pasa con los calvos.

El mismo calvo, dos finales

Césped de verano

Grama, kikuyu, zoysia, San Agustín

Corre por estolones. Con agua y abono en septiembre cierra el hueco él solo, sin que compres nada.

Césped de invierno

Ray-grass, festuca

Crece en mata: engorda un poco por el borde y ahí se queda. Si el calvo tiene que cerrarse, lo cierras tú resembrando.

Segundo: mírale el perfil, no la superficie

Un césped visto desde arriba no dice casi nada. Visto de canto dice todo, y hay tres capas: la hoja verde, el suelo con las raíces, y entre medias un colchón pardo de tallos y restos viejos. A eso se le llama fieltro, y es el sospechoso número uno cuando un césped se comporta raro.

Corte de un tepe de césped visto de lado: hoja verde arriba, un colchón pardo de tallos viejos en la base y tierra con raíces debajo.

Un poco de fieltro es normal y hasta bueno. El problema es cuando pasa de un par de centímetros, porque entonces funciona como una esponja que se queda el agua: riegas, el colchón se empapa, la tierra de debajo sigue seca y la raíz, que va donde está el agua, se sube al colchón. Ahí se cuece en cuanto aprieta el sol.

Merece la pena comprobarlo antes de echarle la culpa al riego. Con una pala, saca un taco de césped de diez centímetros y míralo de canto. Si la capa parda es gruesa y esponjosa, ya sabes por dónde empezar: escarificar, que es peinar el césped con cuchillas para arrancar ese colchón. Septiembre es buen mes precisamente porque deja al césped tiempo de rehacerse.

El plan si tu césped es de verano

Buenas noticias: no está muerto, está terminando su buena época. Lo que toca es aprovechar las últimas semanas de calor, que son las que más rinden.

Riega largo y espaciado en vez de poco y a diario, para que la raíz baje en lugar de quedarse arriba —está explicado con detalle en cuánto regar el jardín en verano—. Abona, porque va a gastar en cerrar huecos y necesita con qué. Siega con regularidad: el corte frecuente es lo que estimula a los estolones a ramificar. Y sobre todo, déjale hacer: los calvos pequeños se cierran solos si el césped tiene agua, comida y unas semanas por delante.

Lo que no conviene es la tentación clásica: sembrar ray-grass por encima para que se vea verde en invierno. Se hace, y en campos de golf tiene sentido. En un jardín normal el resultado es que en mayo tienes dos céspedes peleando, uno que quiere arrancar y otro que se está muriendo, con un mes largo de aspecto sucio. Si no te molesta que el césped se ponga pajizo unos meses, no lo hagas.

El plan si tu césped es de invierno

Aquí sí hay daño real y sí hay que resembrar, porque esas matas que se han perdido no las repone nadie. La ventana es de mediados de septiembre a finales de octubre: la tierra conserva el calor del verano, que es lo que hace germinar, y el aire ya no castiga como en agosto.

El orden importa. Escarifica y retira el fieltro, afloja la superficie de los calvos con un rastrillo —sobre tierra apelmazada la semilla no agarra—, siembra, cubre con una capa fina de mantillo y mantén la superficie húmeda hasta que nazca. Esto último es lo contrario de todo lo demás que se dice sobre riego: la semilla está en el primer centímetro y ahí sí toca poco y a menudo, hasta que tenga raíz propia.

Y una advertencia honesta: en esta costa un césped de invierno es un césped que vas a retocar todos los otoños. No es que lo hagas mal, es que estás manteniendo una planta del norte en un sitio donde julio dura seis semanas más de lo que ella aguanta.

Lo que el verano no explica

Antes de dar el problema por resuelto, conviene descartar tres cosas que se disfrazan de daño por calor y no lo son.

Compactación. Si el calvo está donde todo el mundo pisa, no lo ha matado el sol, lo ha matado el paso. Ahí la semilla se pierde: hay que airear primero.

Riego mal repartido. Los calvos con forma de cuña o de franja suelen ser un aspersor girado, tapado por un arbusto o averiado. Se ve poniendo unos vasos por el jardín y dejando correr un ciclo: si unos se llenan y otros no, el problema no era el verano.

Hongos. Los cercos redondos y los bordes con un halo oscuro no son sed. Un césped de verano regado por la noche y con fieltro de sobra es el escenario perfecto, y ahí resembrar encima solo alimenta el problema.

Un apunte de sitio: el césped de verdad se concentra en las zonas de adosados y comunidades con parcela, más que en los patios de ciudad, donde casi todo va en maceta. Contamos esa diferencia en jardineros en Málaga.

Y si estás harto del césped

También es una respuesta válida, y conviene decirla aunque vivamos de cuidar jardines. En este clima el césped es lo más caro de mantener que puedes tener: es la planta que más agua pide, la que más siegas necesita y la primera que se queja. Si cada septiembre acabas en la misma conversación, quizá el problema no sea cómo lo cuidas.

Reducir la superficie de césped a la parte que de verdad se pisa y pasar el resto a plantación mediterránea con acolchado es la reforma que más trabajo quita de un jardín aquí. Y si vas a hacerla, el momento de plantar es el mismo que el de resembrar, por el mismo motivo: aquí se planta en otoño.

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