Blog · Tala y trabajos en altura
Cómo saber si un árbol es un peligro antes del primer temporal
Cae el primer temporal y siempre se dice lo mismo: «pues estaba perfecto». Estaba verde, que no es lo mismo, y las señales llevaban meses ahí.
Por Sergio Domínguez9 min de lecturaCae el primer temporal de otoño y a la mañana siguiente hay un árbol atravesado en el vial, o una rama sobre un coche. Y la frase es siempre la misma: «pues estaba perfecto».
Casi nunca estaba perfecto. Estaba verde, que no es lo mismo, y las señales llevaban meses ahí. Septiembre es buen momento para mirarlas, porque todavía da tiempo.
La señal que más importa sale del tronco
Si de la corteza sale una seta —una repisa dura, del tamaño de una mano o mayor, a veces varias apiladas—, eso no es el principio de un problema: es el final.

Lo que se ve por fuera es el cuerpo fructífero, la parte que el hongo saca para soltar esporas. Para llegar a eso, el hongo lleva años comiéndose la madera de dentro del tronco. Cuando asoma, el trabajo está hecho.
Por eso un árbol con setas en el tronco puede tener la copa impecable. La madera que sostiene el peso y la que lleva la savia no son la misma: la savia circula por una capa fina justo bajo la corteza, así que el árbol puede seguir verde con el interior hueco. Se ve sano porque está vivo. Simplemente ya no se aguanta.
Las otras cosas que hay que mirar
Diez minutos dando una vuelta alrededor del árbol y mirando hacia arriba. No hace falta saber de esto para ver estas cinco:
- Corteza que se cae en placas dejando madera descubierta, sobre todo si debajo está oscura o blanda.
- Una grieta vertical en el tronco, o una hendidura donde dos ramas gruesas salen juntas del mismo punto. Esas horquillas apretadas son por donde se parten los árboles.
- El suelo levantado o agrietado en un arco alrededor de la base. Significa que la raíz ya se ha movido.
- Una inclinación que ha cambiado. Un árbol torcido de siempre no dice nada; uno que se ha torcido este año lo dice todo.
- Ramas secas en la copa mezcladas con las verdes, especialmente si están arriba del todo.
Y una que no se ve pero se sabe: si se ha hecho obra cerca en los últimos años. Una zanja para un tubo a dos metros del tronco corta raíces gruesas, el árbol aguanta un par de temporadas y falla después, cuando ya nadie relaciona una cosa con la otra.
Por qué caen en otoño y no en agosto
Aquí está la parte que no cuadra a primera vista. En verano hace viento, los árboles llevan meses de sequía y no pasa nada. Llega octubre y en una noche se cae uno. Lo que cambia no es el viento: es lo que hay debajo.
El mismo árbol, el mismo viento
Todo el verano: sopla viento y no pasa nada. El suelo está seco y compacto, y el plato de raíces agarra.
Llega la primera lluvia buena: en unas horas el suelo pasa de seco a empapado. El árbol no ha cambiado; su anclaje sí.
Y entonces el mismo viento basta: el plato se levanta por el lado de barlovento y el árbol se va entero, con raíz y todo.
Un suelo seco y compacto sujeta el plato de raíces como un tornillo en madera. Después de cuatro meses sin lluvia útil, llega el primer temporal de verdad y ese suelo pasa de seco a saturado en unas horas. El agarre se pierde, y entonces la misma racha que en agosto solo movía la copa levanta el plato entero por el lado del que viene el viento.
Por eso aquí los árboles caen enteros, con la raíz fuera, más a menudo que partirse por el tronco. Y es la misma razón por la que ese plato es somero y ancho en vez de profundo, algo que contamos en por qué las raíces levantan el pavimento: la raíz vive donde está el agua, y aquí el agua la pone el riego y la pone arriba.
En un sitio donde llueve en verano el suelo no da ese salto. Se moja y se seca todo el año, y el árbol no pasa de anclado a suelto en una noche.
Lo que engaña
Verde no es sano. Ya está dicho arriba, pero es el error que más caro sale: se mira la copa, se ve bien y se cierra el tema.
Y feo no siempre es peligroso. Un árbol con hojas pequeñas, o con líquenes en la corteza, o con una cicatriz vieja bien cerrada, puede estar perfectamente firme. Los líquenes en concreto no hacen nada al árbol: viven encima, no de él.
Lo que decide no es el aspecto de las hojas. Es si la madera que sujeta sigue ahí y si la raíz sigue agarrada.
Qué hacer si ves alguna
Lo primero, no podarlo por si acaso. Es la reacción habitual y suele empeorarlo: quitarle copa a un árbol con problemas de anclaje ayuda, pero terciarlo abre heridas grandes por donde entra exactamente el mismo tipo de hongo del que hablábamos, y a los pocos años deja ramas peor sujetas que las que se quitaron. Está explicado en la página de poda de árboles.
Lo segundo, mirarlo con alguien antes del temporal y no después. Y si el árbol está en zona común, dejarlo por escrito: en una comunidad las decisiones sobre arbolado cambian de manos cada año y lo que no está anotado se pierde.
De quién es la responsabilidad cuando un árbol cae depende de dónde esté plantado y de quién tenga la titularidad, y eso se comprueba, no se supone: en una comunidad conviene preguntarlo al administrador antes de que haga falta. Cómo se organiza el arbolado de una zona común lo contamos en mantenimiento de zonas verdes en comunidades.
Y talar no es la única salida
Conviene decirlo porque el salto de «tiene una seta» a «hay que cortarlo» se da muy rápido, y no siempre toca.
Un árbol con problemas puede ser aceptable si debajo no hay nada que proteger. A veces la solución no es tocar el árbol sino quitar lo que tiene debajo: mover la plaza de aparcamiento, desviar el paso, cambiar el banco de sitio. Otras veces basta con reducir la copa —cortando a rama lateral, no terciando— para bajarle vela al viento.
Y otras sí hay que quitarlo, y entonces mejor un martes de septiembre con el camión aparcado al lado que un domingo de temporal con la calle cortada.