Blog · Césped artificial: decisión de compra
Césped artificial para perros: por qué huele en verano y qué mirar antes de ponerlo
Con perro, el artificial acaba con el barro y las manchas amarillas. Lo que trae a cambio es el olor de agosto, y se decide antes de comprarlo, por lo que va debajo.
Por Sergio Domínguez6 min de lecturaCon perro en casa, el césped natural tiene dos problemas que se ven desde la ventana: las manchas amarillas donde orina siempre y el barro del sitio por donde corre. El artificial acaba con los dos, y por eso es uno de los motivos más habituales para ponerlo.
Lo que trae a cambio aparece en verano: la zona del perro huele. No es mala suerte ni un césped malo. Es lo que pasa con la orina cuando debajo no hay tierra viva, y se decide antes de comprarlo, con tres cosas que una vez instalado ya no se ven.
Por qué el natural no huele y el artificial sí
En un césped natural, la orina entra en la tierra. El suelo retiene buena parte del nitrógeno y las raíces lo usan; las manchas amarillas son eso mismo en exceso, demasiado abono en el mismo palmo. Molestan, pero no huelen.
En el artificial no hay nada que lo use. La orina baja por los agujeros del soporte y se queda en la arena del relleno y en la base. Allí las bacterias convierten la urea en amoniaco, y el amoniaco, sin tierra ni raíces que lo retengan, sale al aire. Ese es el olor, y el calor lo aviva: el mismo césped huele más a pleno sol en agosto que en marzo.
La misma orina, dos suelos
Lo mismo en los dos. El perro orina igual en un césped natural que en uno artificial. Lo que cambia es lo que hay debajo.
Unos días después. En la tierra, el suelo retiene buena parte del nitrógeno y las raíces lo usan. En el artificial no hay nada que lo use: se convierte en amoniaco y sale al aire, y eso es el olor.
El agua se lo lleva. Un aclarado que llegue hasta la base lo arrastra fuera. En invierno lo hace la lluvia; de junio a septiembre aquí casi no llueve, y el agua la pones tú.
Lo que lo saca es el agua: un aclarado que llegue hasta la base y lo arrastre fuera. En invierno lo hace la lluvia sin que nadie se entere. Aquí, de junio a septiembre casi no llueve, y durante esos meses el agua la tiene que poner alguien. Si la casa pasa semanas cerrada, o el perro se queda con alguien que no lo sabe, es en septiembre cuando se nota.
Lo que hay que decidir antes de comprarlo
La fibra es lo que se mira en la tienda y lo que menos importa aquí. Lo que decide si la zona del perro huele está debajo.
La base: que el agua tenga por dónde irse
Debajo del césped tiene que haber una capa de grava o de árido compactado que drene, no la tierra tal cual ni una solera de hormigón sin pendiente. Si el agua del aclarado no puede seguir bajando, no se lleva nada: se queda debajo, empapa el relleno y el olor sigue ahí, ahora húmedo.
En una terraza o sobre baldosa la base no se puede cambiar, y lo que decide es que quede un hueco por el que el agua corra hasta el sumidero. Cómo se resuelve está en por qué se encharca el césped artificial.
El soporte: agujeros o permeable entero
El soporte es la tela en la que van cosidas las fibras. El más común está perforado: el agua baja por agujeros repartidos a lo largo del rollo. Para zonas de perro hay soportes permeables en toda su superficie, que dejan pasar el líquido por donde caiga y no solo por los agujeros. Pregunta cuál te ofrecen, porque mirando el césped por arriba no se distingue.

El soporte visto por detrás: la tela con las filas de puntadas que sujetan la fibra. Lo que cae encima solo baja por donde esta tela lo deje pasar.
El relleno: lo que hay entre las fibras
La mayoría de los céspedes artificiales llevan arena de sílice entre las fibras, de lastre, para que no se mueva y la fibra se mantenga de pie. La arena no neutraliza nada: solo es donde se queda lo que cae. Hay rellenos minerales pensados para zonas de mascotas —la zeolita es el más habitual— que retienen parte del amonio en vez de dejarlo salir al aire. Ayudan; no sustituyen al agua.
El sitio: dónde hace sus cosas el perro
Un perro no usa todo el jardín igual: casi siempre vuelve a los mismos dos o tres sitios. Si esos sitios están a pleno sol, en verano el olor será mayor, y el césped también quemará más bajo las patas. Cuánto y por qué, en el césped artificial se calienta. Si el jardín lo permite, conviene que la zona del perro tenga sombra por la tarde y un grifo cerca.
El mantenimiento que sí toca con perro
- Lo sólido, cada día. Se recoge entero, sin dejarlo para el siguiente aclarado.
- Aclarar la zona del perro, de verdad. Un chorro que empape y llegue abajo, no una rociada por encima. En verano, a menudo; en invierno casi nunca hace falta, porque llueve.
- Cepillar. Levantar la fibra deja que el agua entre y el relleno se reparta, y enseña si hay sitios donde la arena se ha apelmazado.
Si aun así la zona huele, el problema está debajo: la base no drena o el relleno está saturado, y se arregla levantando ese tramo, no echando más agua por encima. El resto del mantenimiento, el que no tiene que ver con el perro, está en el césped artificial no es cero mantenimiento.
¿Y si mejor césped natural?
Depende de dónde haga sus cosas el perro y de quién vaya a estar en casa en agosto. El natural no huele, pero con perro tendrá manchas y una calva en el camino que más pisa, y necesita riego todo el verano igual. El artificial no se mancha ni hace barro, pero necesita ese aclarado en los meses secos.
Hay una opción intermedia: césped donde se juega y un rincón de grava o de tierra que drene bien, donde se acostumbra al perro a hacer sus cosas. Ese rincón se aclara en un minuto y el resto del jardín no se entera.
Qué pedir en el presupuesto
Con perro, lo que hay que ver escrito es lo de debajo: qué base lleva, qué soporte y qué relleno. Si el presupuesto solo habla de la altura de la fibra y del precio por metro, falta lo importante. Cómo lo hacemos nosotros, en instalación de césped artificial. Y si la casa pasa temporadas cerrada, el aclarado del verano puede entrar en un mantenimiento de jardines.
En resumen
El césped artificial con perro funciona: se acaban el barro y las manchas. Lo que hay que resolver es el olor, que no viene de la fibra sino de lo que se queda debajo, y que aquí sale en verano porque no llueve.
Se decide antes de comprar: una base que drene, un soporte que deje pasar el agua y, si quieres, un relleno pensado para mascotas. Después, en los meses secos, un aclarado de verdad en la zona del perro.