Blog · Césped artificial: decisión de compra
Si el césped artificial se encharca, el problema no es el césped
Se compra en primavera y pasa el verano sin ver más agua que la de la manguera. El primer temporal de otoño es su primera prueba de verdad, y lo que suspende casi nunca es el césped.
Por Sergio Domínguez7 min de lecturaEl césped artificial se compra casi siempre en primavera, para tenerlo listo en verano. Y aquí el verano son cuatro meses sin llover: pasa de abril a octubre sin ver más agua que la de la manguera.
Su primera prueba de verdad es el primer temporal de otoño, que aquí no es una llovizna: es mucha agua en pocas horas. Si esa tarde aparece un charco, la conclusión inmediata es que el césped era malo. Casi nunca lo es.
El césped no drena: deja pasar
Un césped artificial es una tela con fibras cosidas encima, y la tela va perforada: una retícula de agujeros por la que el agua pasa hacia abajo. Con lluvia normal lo cruza enseguida. Y ahí se acaba lo que hace. No se lleva el agua a ninguna parte: la deja caer en lo que tenga debajo.
Por eso «drenante», en la etiqueta del rollo, habla del rollo. Si el jardín se encharca o no lo decide lo que hay debajo, y eso no viene en el rollo: lo hace quien lo instala.
La misma lluvia, el mismo césped, dos bases
El agua atraviesa el césped en los dos lados. El soporte va lleno de agujeros y deja pasar la lluvia igual en un jardín que en otro. Hasta aquí no hay diferencia.
La diferencia está debajo. La grava deja que el agua siga bajando. La tierra se empapa por arriba, el agua se queda ahí y, en cuanto no le cabe más, sube entre las briznas.
Pasa el temporal y a la izquierda no queda nada encima. A la derecha el charco tarda en irse, y la tierra empapada cede un poco. El siguiente temporal encuentra el hueco hecho y lo llena antes, en el mismo sitio.
Sobre tierra: lo que tiene que haber debajo
Una instalación sobre tierra bien hecha va por capas. Se quita la de arriba, que es la que tiene raíces y restos que se pudren y se hunden. Se pone una capa de grava o de zahorra compactada, que deja bajar el agua y no se mueve. Encima, la malla antihierbas y el césped. Y se deja una pendiente ligera hacia algún sitio por donde el agua pueda irse cuando llega más de la que la tierra traga.
La versión barata es rastrillar la tierra que hay, alisarla y extender el rollo encima. El primer día queda igual de bien. La diferencia sale con el agua: la tierra se empapa, se ablanda y cede en los puntos blandos. Cada temporal hunde un poco más el mismo hueco, y el hueco es donde se forma el charco la vez siguiente.
Si la tierra es de las que se hacen barro, peor: tarda mucho en tragar, y el agua se queda justo debajo del soporte, que es donde no se ve. Con el césped natural pasa algo parecido por otro motivo, y también ahí lo que hay debajo del césped decide si dura.
Sobre baldosa o en una azotea
Aquí el agua no tiene tierra a la que bajar. Cruza el césped por los agujeros y corre por encima de la solería, por debajo del césped, hasta el sumidero. En esta costa es donde va buena parte del césped artificial, y todo depende de cuatro cosas:
- La pendiente que ya tiene. Una azotea está hecha para que el agua vaya a los sumideros, y el césped no cambia eso. Lo que sí lo estropea es rellenar para dejarlo todo plano: el agua se queda en el relleno.
- Los sumideros, a la vista. Si el césped los tapa, dejan de verse, y lo que baja con el agua —polvo, hoja picada, la arena que se le echa de lastre— acaba dentro. Se recorta el césped alrededor y se deja una rejilla que se pueda levantar.
- Un hueco debajo. Tendido directamente sobre la baldosa, el soporte se queda pegado a una película de agua que tarda en secarse. Una lámina o malla de drenaje entre la solería y el césped deja un hueco por el que el agua corre y el aire entra. Donde hay perro, es lo que decide si la terraza huele.
- Si se pega, por las juntas y el borde. Pegado entero, el pegamento tapa los agujeros y el agua ya no tiene por dónde bajar.

Una azotea como tantas de aquí, con el césped tendido sobre la solería. Lo que importa no sale en la foto: dónde queda el sumidero y si se va a poder levantar la rejilla cuando haga falta.
Los sumideros de una azotea son los mismos que hay que tener limpios antes de que llueva, con césped o sin él. Lo contamos para las urbanizaciones en los sumideros antes del primer temporal; con el césped encima, lo único que cambia es que no se ven.
El agua que no cae encima
Un charco que vuelve siempre al mismo sitio no siempre es de la lluvia que cae sobre el césped. Muchas veces es de la que llega de otra parte: la bajante del tejado que desagua sobre el jardín, la terraza de encima, la parcela del vecino que está más alta. En una urbanización en ladera, el jardín de abajo recibe el agua de los de arriba.
Ninguna base aguanta si le llega el agua de tres tejados. Eso se resuelve antes de poner el césped, llevando la bajante a un desagüe o a una zona que la pueda tragar. Es la misma cuenta que hay que hacer antes de pavimentar el jardín: el agua no desaparece, cambia de sitio.
Qué mirar después del primer temporal
Lo bueno de que aquí llueva de golpe es que el primer temporal hace de prueba. Al día siguiente, fíjate en esto:
- Cuánto dura el charco. Uno que se va en un rato es normal con un aguacero de verdad. Uno que sigue ahí al día siguiente, no.
- Dónde sale. Si sale siempre en el mismo sitio, hay un hueco debajo, y va a ir a más.
- Ondas o bultos donde antes era plano: la base se ha movido.
- Arena acumulada en un borde o en la rejilla del sumidero: el agua se está llevando la arena del lastre hacia el punto bajo.
- Olor, en una terraza, en la zona que usa el perro unos días después: el agua se está quedando debajo.
Si aparece cualquiera de estas cosas, se arregla por debajo: levantar el tramo, rehacer la base o abrir una salida al agua, y volver a tender el césped, que muchas veces se puede aprovechar. Echarle más arena por encima o cambiarlo por otro rollo no toca el problema.
Y antes del temporal, lo barato: quitar la hoja que se ha ido acumulando y dejar los sumideros limpios. El resto de lo que pide está en el mantenimiento del césped artificial, que no es cero.
Qué preguntar antes de comprarlo
Cuando dos presupuestos por los mismos metros no se parecen, casi siempre es por lo que va debajo. Tres preguntas lo aclaran:
- ¿Qué va debajo del césped? Si la respuesta es «nada, va directamente», ya sabes lo que estás comprando.
- ¿Adónde va el agua? No si drena, sino adónde: hacia abajo, hacia un sumidero, hacia un borde. Tiene que haber una respuesta concreta.
- En una terraza, ¿los sumideros van a quedar a la vista? Si no, pregunta cómo se van a limpiar.
Lo demás de la instalación —la base, las juntas, los bordes y dónde tiene sentido ponerlo y dónde no— está en la página de instalación de césped artificial.
El resumen
El césped artificial deja pasar el agua, y ahí se acaba su trabajo. Si se encharca, lo que falla está debajo: tierra sin base que se empapa y cede, una azotea con los sumideros tapados o el agua de otro tejado que llega entera al jardín.
Aquí se compra en primavera, y el primer temporal de otoño es su primer examen. Si ha dejado un charco, mira dónde sale y cuánto dura: eso dice lo que hay debajo mejor que cualquier etiqueta.