Blog · Reforma y obra en jardín
Antes de solar el jardín: por dónde se va a ir el agua
La pregunta con la que se empieza suele ser qué material poner. La que decide el resultado es otra: en la primera tormenta de octubre, ¿dónde acaba el agua que ese suelo ya no se traga?
Por Sergio Domínguez9 min de lecturaLas reformas de jardín de esta costa se parecen bastante entre sí: se quita césped, se gana zona de estar, se pone solería o tarima, y queda mejor de lo que estaba. La conversación siempre empieza por el material —porcelánico, piedra, hormigón impreso, madera— y por cómo va a quedar.
Hay otra pregunta que casi nunca se hace y que decide más: cuando caiga la primera tormenta de octubre, ¿dónde va a acabar el agua que ese suelo ya no se traga?
El agua no desaparece, cambia de puerta
Un jardín de tierra, con o sin césped, se bebe casi todo lo que le cae encima. No porque sea mágico, sino porque tiene poros y un volumen debajo donde meterlo. Por eso nunca has tenido que preguntarte a dónde va: se iba hacia abajo, delante de tus narices, sin hacer ruido.
Cuando solas esa superficie, la lluvia que cae encima es exactamente la misma. Lo único que cambia es que una de las salidas se ha cerrado. Y como el agua no se evapora a la velocidad que cae, sale entera por las otras dos.
La misma terraza, antes y después
Un jardín de tierra se bebe casi todo el aguacero. Algo se queda en charcos y algo se va por el borde, pero es lo de menos. Por eso nunca has tenido que pensar dónde acaba el agua.
Solar no hace que llueva menos. Lo que hace es cerrar la puerta de abajo. La lluvia que cae es la misma, y la superficie que antes se la bebía ahora no se bebe nada.
Así que sale entera por las otras dos. Se queda encharcada encima, o se va por el borde. Y en una parcela en terrazas, «el borde» no es un sitio abstracto: es tu muro, o es la terraza de abajo, que puede ser la del vecino.
Por qué aquí eso pesa más
Esto es hidrología de manual y pasa en todas partes. Lo que hace que aquí se note tanto son dos cosas que se juntan y que en otros sitios no coinciden.
La primera es la forma de la lluvia. No llueve poco: llueve concentrado. Pasamos cuatro meses sin nada y luego cae en unas horas lo que en otro clima se reparte en seis semanas. En ese régimen, ni un suelo desnudo llega a tiempo de tragárselo todo, así que quitarle superficie de absorción tiene un efecto mucho más bruto que donde llueve despacio y a menudo.
La segunda es la forma de las parcelas. Aquí casi todo está en ladera y resuelto con terrazas. Eso significa que «el borde» de tu zona pavimentada no es un concepto: es un sitio concreto y suele ser una de dos cosas. O el trasdós de tu propio muro de contención, o la terraza de abajo, que muchas veces es de otro.
Cuando alguien cuenta que después de la reforma «se le ha empezado a mover el muro», casi nunca es que el muro se haya estropeado. Es que le ha llegado agua que antes no le llegaba.
Las tres preguntas que hay que contestar antes
No hace falta un estudio. Con contestar estas tres, en este orden, se evita la mayoría de los disgustos:
- ¿Hacia dónde cae? Toda superficie tiene que tener pendiente, y esa pendiente decide el destino. La pregunta no es si la tiene, sino hacia dónde la has mandado. Mandarla hacia la casa o hacia el muro son las dos formas clásicas de equivocarse.
- ¿Dónde se recoge? Si el agua va a llegar a un punto, en ese punto tiene que haber algo: una rejilla, un canal, una arqueta. Un desagüe pensado después de solar es una rozadura en obra nueva.
- ¿Y de ahí a dónde va? Esta es la que se salta todo el mundo. Un sumidero que vierte al mismo borde de la terraza no ha resuelto nada: ha concentrado en un chorro lo que antes caía repartido, que muchas veces es peor.
No todo lo que se pisa es impermeable
La forma más sencilla de no tener este problema es no cerrar la puerta del todo. Hay acabados que se pisan igual de bien y siguen dejando pasar agua: grava compactada con celdas, adoquín con junta abierta, losas asentadas sobre árido y separadas, tarima sobre rastreles con drenaje debajo.

Esto se pisa todos los días y sigue dejando pasar agua. La prueba está en las juntas: si ahí crece hierba es que llega agua y llega aire, que es exactamente lo que no pasa debajo de una solería sellada.
No son una solución universal. La junta abierta pide mantenimiento, en una zona de comida se ensucia, y con una silla de ruedas o un carro no todo vale. Pero para caminos, accesos laterales y zonas de paso, muchas veces se elige un acabado sellado sin que nadie haya llegado a plantear la alternativa.
Y hay un punto intermedio que funciona muy bien: sellar solo la zona que de verdad lo necesita —la mesa, la barbacoa, el paso principal— y dejar el resto permeable. La mayoría de las reformas pavimentan bastante más metro del que se usa como suelo duro.
Lo que se gana además de evitar el problema
Dejar superficie que absorbe no es solo prevención. Es también lo que mantiene vivo lo que queda plantado alrededor: cada metro sellado es agua de lluvia que deja de entrar en el suelo donde están las raíces de tus árboles y setos, y que vas a tener que reponer con riego.
Es el mismo razonamiento que el del reparto del riego, visto desde la obra en vez de desde la planta. Lo contamos en agrupa las plantas por lo que beben.
Y si en la zona pavimentada va a quedar algún árbol, el alcorque no es un detalle estético: es la única puerta que le queda a ese árbol para beber y para respirar. Los alcorques justos son la causa de media de las raíces que acaban levantando el pavimento. Eso está contado en las raíces que levantan el pavimento.
Cuándo se hace
Ahora, y no por casualidad. El movimiento de tierras y el asiento de un pavimento se llevan mal con el suelo empapado, y se llevan aún peor con tener la obra a medias cuando llega el primer temporal: una terraza sin terminar y sin desagüe puesto es exactamente la situación que este artículo intenta evitar, pero concentrada.
Así que si la reforma va a hacerse esta temporada, la parte del agua se decide antes de pedir material, no cuando ya está el solado puesto y hay que buscar por dónde sacarla.
El resumen
Pavimentar no hace que llueva menos: cierra la salida que se llevaba casi todo el agua sin que nadie se enterara. Esa misma agua va a salir por las dos que quedan, encharcándose encima o yéndose por el borde, y en una parcela en terrazas el borde es tu muro o la terraza de abajo.
Antes de elegir material, contesta hacia dónde cae, dónde se recoge y de ahí a dónde va. Y plantéate si hace falta sellar toda la superficie o solo la parte que de verdad se usa como suelo duro.