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Blog · Reforma y obra en jardín

Obra en casa: lo que se rompe en el jardín y no se ve hasta julio

Aquí las casas se reforman en otoño y en invierno, con nadie dentro. El jardín hace de almacén, y lo que se rompe de verdad no da la cara hasta el primer verano.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

Aquí las casas se reforman fuera de temporada. En otoño y en invierno, con la casa vacía y sin vecinos de vacaciones a los que molestar, entra la cuadrilla: una cocina, un baño, la piscina que se rehace, la fachada. Y el jardín, que es lo que hay entre la calle y la casa, hace de almacén.

Lo que se estropea a la vista —el césped bajo los palés, un seto rozado por la carretilla— se ve y se arregla. Lo que se rompe de verdad no se ve, y da la cara meses después, cuando la obra ya está pagada y nadie relaciona una cosa con la otra.

Las raíces están donde se descarga

La idea de todo el mundo es sensata: los materiales, lejos del árbol. Se dejan a unos pasos del tronco, fuera de la sombra de la copa, y se da por hecho que ahí no molestan.

El problema es que las raíces no acaban donde acaba la copa. Siguen bastante más allá, y van casi todas cerca de la superficie, que es donde están el agua y el aire. El sitio «lejos del árbol» suele estar justo encima de ellas.

El mismo árbol, antes y después de la obra

Las raíces no acaban donde acaba la copa. Siguen bastante más allá y van casi todas cerca de la superficie. Por eso el sitio «lejos del árbol» donde se descargan los palés suele estar justo encima de ellas.

El peso aplasta la tierra, y con ella el aire que respiraban. Desde arriba no se nota casi nada: el césped amarillea un poco y parece que se recuperará.

La obra se acaba y la tierra sigue aplastada. El árbol pasa el invierno, que aquí es suave y húmedo, y el daño sale el primer verano sin lluvia: la copa clarea, a menudo del lado donde estuvo la obra.

Lo que les hace daño no es un golpe, es el peso. Un palé de sacos, un contenedor o el ir y venir de una máquina pequeña aplastan la tierra y cierran los huecos por los que entraba el aire. La raíz de debajo no se corta: se ahoga despacio. Y la tierra no se recupera sola cuando se llevan los palés. Los palés se van; la tierra aplastada se queda.

A eso se suman las zanjas: la del desagüe, la de la luz del jardín, la del tubo nuevo de la piscina. Una zanja cerca del tronco corta de un tajo todas las raíces que cruza. Por eso una obra reciente cerca es una de las señales de que un árbol puede ser peligroso, aunque se vea sano.

Por qué aquí se nota en julio

Donde llueve en verano, un árbol con parte de la raíz dañada va tirando: el agua le sigue llegando, aunque sea por menos sitio. Aquí no. El invierno es suave y húmedo, y el árbol lo pasa sin dar ninguna señal. Después llegan cuatro meses sin lluvia, y tiene que sacar toda el agua con la raíz que le queda.

Ese primer julio es cuando la copa clarea, a menudo del lado donde estuvo la obra, porque cada lado de la copa depende sobre todo de las raíces de su lado. Si un árbol empieza a perder hoja de un lado el verano siguiente a una reforma, esa es la primera sospecha.

Lo demás que se rompe

El riego enterrado

Las tuberías del riego van a poca profundidad, y una carretilla cargada o una máquina pequeña las aplasta sin que nadie se entere. Se descubre en primavera, al encender el riego: un sector al que no llega el agua, un charco donde nunca lo hubo. Si antes de la obra alguien marca por dónde van —con unas fotos basta—, se puede decir por dónde no se pasa.

La tierra donde se lava

La hormigonera, las paletas y los cubos se lavan en algún sitio, y si nadie lo dice ese sitio es un parterre. El agua con restos de cemento o de cal deja la tierra muy alcalina, y ahí luego no arraiga casi nada. Tampoco vale el sumidero del jardín: lo que se asienta dentro lo atasca, y se descubre con la primera tormenta. Es lo mismo que hay que revisar en los sumideros antes del primer temporal, con la obra añadida.

El césped

Es lo que más se ve y lo que menos importa. Debajo de un palé amarillea en días, pero se resiembra o se repone. Si hay que elegir dónde se descarga, mejor sobre el césped lejos de los árboles que al revés.

Qué pactar antes de que entre nadie

Todo esto se evita con una conversación antes de empezar, y sale mucho más barato que cualquier arreglo después. Con quien haga la obra, y mejor por escrito en el presupuesto:

  • Una zona cerrada alrededor de cada árbol que importe, con una valla sencilla que llegue por lo menos hasta el borde de la copa. Dentro no se descarga, no se aparca y no se pasa.
  • Dónde va el acopio. Sobre el pavimento, si lo hay. Si no, sobre tableros que repartan el peso, y en la parte del jardín más alejada de los árboles.
  • Por dónde entra la máquina, si tiene que entrar, y siempre por el mismo camino: mejor aplastar una franja que el jardín entero.
  • Dónde se lava. Nunca en la tierra ni en el sumidero.
  • Las zanjas cerca de un árbol, si las hay, se deciden antes y con alguien que sepa de árboles: por dónde van y si se pueden desviar o abrir a mano en el tramo más cercano al tronco.
  • El trazado del riego, marcado o fotografiado antes de empezar.
Contenedor naranja de escombros lleno de baldosas rotas, apoyado directamente sobre el césped y pegado a un seto alto, con un montón de grava al lado sobre la hierba y una casa detrás.

Así suele quedar si nadie lo pacta: el contenedor sobre el césped y pegado al seto, y la grava al lado, también en la hierba. Desde arriba solo se ve hierba aplastada. Lo que carga con el peso toda la obra son las raíces del seto, que llegan hasta ahí.

Si la casa va a estar vacía durante la obra, que aquí es lo normal, lo pactado tiene que estar por escrito. Nadie va a estar allí para recordarlo el día que llega el camión.

Si la obra ya se hizo

Si la reforma ya pasó y el jardín sirvió de almacén, hay dos cosas que se pueden hacer ahora. La primera, no volver a aparcar ni descargar donde estuvo el acopio. La segunda, vigilar el árbol el primer verano. Si clarea de un lado, no lo compenses solo con más agua: lo que le falta no es agua, es raíz para beberla, y regar de más una tierra aplastada la encharca. Que lo vea alguien antes de decidir.

Y si lo que viene es reformar el propio jardín, eso tiene sus propias preguntas. La primera suele ser adónde va el agua cuando se pavimenta el jardín. El resto está en la página de reforma y construcción de jardines.

El resumen

En una obra, lo que se rompe del jardín no es lo que se ve. Las raíces pasan de la copa y están debajo del sitio donde se descarga; el riego va a poca profundidad; la tierra se estropea donde se lava. Nada de eso da la cara en invierno, y aquí la da en julio.

Se evita antes de empezar: una zona cerrada alrededor de cada árbol, un sitio para el acopio que no esté encima de sus raíces y un sitio para lavar que no sea la tierra. Cuesta menos que cualquier arreglo, y con la casa vacía es lo único que funciona.

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