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JardinerosCosta del Sol

Blog · Palmeras y sanidad vegetal

La cica no es una palmera, y por eso se estropea cuidándola como tal

Se vende como palmerita, se riega como una planta más y se pela entera cada primavera. Las tres cosas explican por qué la tuya lleva años sin moverse.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

La compraste en el vivero como «palmerita» o «palmera sagú», la plantaste con el resto del jardín y desde entonces hace lo mismo todos los años: sacar cuatro hojas nuevas, quedarse igual de alta y no engordar.

No es una palmera. No es que se le parezca y sea de otra familia: es que pertenece a un grupo de plantas muchísimo más antiguo, las cícadas, que ya estaba aquí cuando las palmeras aún no existían. Y casi todo lo que se hace mal con ella viene de tratarla como si lo fuera.

Crece muchísimo más despacio de lo que crees

Esta es la diferencia que lo explica casi todo. Una palmera va sacando hojas de forma continua durante la temporada. Una cica saca una tanda al año —a veces dos si el año le ha venido muy bien, y algunos años ninguna—, todas de golpe, y luego se para.

Eso significa que la corona que tienes delante no es de este año. Es la suma de varias temporadas apiladas.

Lo que tienes delante son años

  • Las de fuera son las más viejas. Son las que se van poniendo amarillas, y las únicas que sobran.
  • Las de en medio son de la tanda anterior y siguen trabajando.
  • Las cortas del centro son las de este año, recién salidas del cogollo. Es el único punto del que sale algo.

Cuando llega la primavera y alguien la «limpia» dejándola con cuatro hojas tiesas, no está podando: está borrando tres años de trabajo de una pasada. La planta sobrevive, pero se pasa las temporadas siguientes reponiendo lo que tenía en vez de crecer. De ahí que muchas cicas de jardín lleven una década sin moverse.

Solo se le quita lo que está seco del todo

La regla es corta: si la hoja tiene verde, todavía está pagando. Aunque se vea fea, aunque esté horizontal o caída, mientras conserve color sigue alimentando a la planta y sobre todo al cogollo.

Corona de una cica vista desde arriba: las hojas salen en círculo desde un único punto central de color pardo.

Mirada desde arriba se ve lo importante: todas las hojas salen de un único punto, y ese punto es el centro. No hay yemas de repuesto por el tronco ni brotes laterales que puedan tomar el relevo. Si el cogollo se pudre o se daña, la planta no tiene con qué rehacerse.

Por eso conviene esperar. El mejor momento para quitar hojas viejas es cuando la tanda del año ya ha salido y ha endurecido —de finales de verano en adelante—, no en marzo «para que salga limpia», que es justamente cuando la dejas sin nada mientras prepara el brote.

Lo que de verdad las mata aquí: el riego

En esta costa la cica casi nunca muere de sed. Muere de lo contrario, y el culpable suele ser el mismo: está enchufada a la misma línea de riego que el resto del jardín.

Es una planta hecha para suelos que drenan y para pasar rachas secas. Puesta junto a unos arbustos que se riegan tres veces por semana en verano, la base se mantiene húmeda de forma permanente y el cuello acaba pudriéndose. Lo malo es que no se ve hasta que es tarde: por fuera sigue verde mientras el centro se está deshaciendo, y cuando las hojas amarillean de golpe ya no hay marcha atrás.

La solución no es dejar de regarla, es regarla aparte y espaciado, y asegurarse de que el agua no se queda encharcada en la base. Si está en una zona con goteo general, lo más sencillo es taponar el gotero que le cae encima y darle un riego propio de vez en cuando. El razonamiento largo sobre regar espaciado está en cuánto regar el jardín en verano.

Un aviso que casi nadie da: es tóxica

Toda la planta lo es, y las semillas —esas bolas naranjas que aparecen en los ejemplares hembra— son la parte más peligrosa. Para un perro que las muerda es un asunto grave, no una molestia digestiva.

No es motivo para arrancarla, pero sí para saberlo: si tienes perro y la cica produce semillas, lo sensato es retirarlas del suelo en cuanto caen. Y si el perro es de los que mordisquean todo, valorar dónde está plantada.

Cómo saber cuál tienes

Si has llegado hasta aquí y todavía no lo tienes claro, hay dos señales que no fallan y no hacen falta conocimientos de botánica.

Toca una hoja. Los foliolos de una cica son rígidos, con el borde enrollado hacia abajo y la punta pinchando de verdad: si pasas la mano a contrapelo, molesta. Los de una palmera son flexibles y se doblan.

Y mira cómo salen las nuevas. Aquí está la pista buena, y es de las que se recuerdan: las hojas de una cica salen enrolladas sobre sí mismas, como un báculo, y se van desplegando igual que hace un helecho. Ninguna palmera hace eso. Si sorprendes a la tuya en plena tanda —a finales de primavera o principios de verano— lo vas a ver sin ninguna duda.

Sol, sitio y paciencia

Aguanta el sol directo de esta costa sin problema, y de hecho lo prefiere: a la sombra profunda saca hojas largas, blandas y separadas, buscando luz, y pierde la forma compacta que es lo que la hace bonita.

Aparte de eso pide poco. No necesita abonado constante ni tratamientos de rutina. Lo que necesita es que la dejes en paz y que no la riegues de más, y eso choca de frente con la idea de que una planta cara hay que cuidarla mucho.

Y si lo que tienes sí es una palmera

Entonces el orden de preocupaciones es otro, y el primero de todos es el picudo rojo: las señales que llegan a tiempo no son las que se ven desde abajo, y cuando la palmera «se ve mal» la plaga lleva meses dentro. Lo contamos entero en cómo saber si tu palmera está afectada.

Un apunte de sitio: donde más cicas hay es en jardines de comunidad y en terrazas, precisamente los sitios donde el riego es automático y va igual para todo. Cómo se plantea eso cuando decide una junta está en jardineros en Fuengirola.

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