Saltar al contenido
JardinerosCosta del Sol

Blog · Cuánto cuesta

Poner a punto un jardín y mantenerlo no son lo mismo, ni se pagan igual

En septiembre casi todo el mundo pide mantenimiento y lo que necesita es una puesta a punto. Son dos trabajos distintos, y meterlos en la misma cuota mensual sale caro doce meses seguidos.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez8 min de lectura

La llamada de septiembre es siempre parecida. Alguien vuelve, abre la puerta del jardín, y lo que se encuentra no es lo que dejó en mayo. Entonces busca un jardinero y pide presupuesto de mantenimiento.

Y ahí empieza el lío, porque lo que necesita no es mantenimiento. O no solo.

Son dos trabajos distintos con el mismo nombre

Poner a punto es llevar el jardín de donde está a donde debería estar. Es un trabajo grande, se hace una vez, y su tamaño depende de lo lejos que se haya ido: no de los metros que tenga el jardín, sino del desfase.

Mantener es evitar que se vuelva a ir. Es un trabajo pequeño, repetido, y su tamaño sí depende de los metros y de la frecuencia.

Puesto así parece obvio. Deja de serlo en cuanto los dos van dentro de la misma cuota mensual, que es como se presupuesta casi siempre.

Por qué aquí pasa a la vez en todos los jardines

En un sitio donde llueve en verano, un jardín descuidado se nota antes y se va deteriorando de forma desigual: uno sí y el de al lado no. Aquí no.

De mayo a septiembre lo único que ha regado es el riego, y eso parte los jardines en dos. Donde el riego funcionaba, agosto ha sido un mes de crecimiento a toda máquina: el seto se ha ido, el césped ha corrido, las trepadoras se han metido donde no debían. Donde falló —una bomba parada, un ramal cegado, un programador que se reinició—, no hay atraso: hay plantas muertas, y eso ya no es recortar.

A eso se suma que buena parte de las casas de esta costa están vacías justo esos meses. El propietario no ha visto nada de lo que ha ido pasando, así que no ha habido ninguna corrección por el camino. La primera vez que alguien mira el jardín con atención es en septiembre, y para entonces son cuatro meses de una sola vez.

Lo que casi nadie se cree: el mantenimiento no sube el nivel

Aquí está el punto que hace que este artículo exista. La palabra «mantenimiento» suena a que el jardín va a ir a mejor: se contrata para que el jardín esté bien, luego se pondrá bien.

Pues no. Un mantenimiento hace exactamente lo que dice, que es mantener. Si entra en septiembre en un jardín que lleva cuatro meses cayendo, lo que sostiene es eso.

El mismo jardín, dos formas de encargarlo

De mayo a septiembre el jardín ha ido a menos. Sin lluvia, con el calor apretando y muchas veces sin nadie en casa, eso pasa aunque no se haya hecho nada mal.

Un mantenimiento sostiene el nivel que se encuentra. Hace lo que dice: mantener. Si entra ahora, cada visita se le va en no perder más terreno, y el jardín se queda como estaba el primer día.

Subir el nivel es otro trabajo, y se hace una vez. Después el mantenimiento sí sostiene algo que merece la pena sostener. Por eso conviene pedir las dos cosas por separado.

No es mala fe de nadie. Es aritmética: una visita de mantenimiento tiene las horas que tiene, y en un jardín atrasado se van enteras en ponerse al día con lo urgente. Se corta el césped, se quitan las hierbas de paso, y no queda tiempo para el seto que hay que reconstruir ni para el arriate que hay que replantar. Visita tras visita, el jardín deja de empeorar y no llega a mejorar.

Lo que suele ocurrir después es que a los tres o cuatro meses el propietario dice que no ve el cambio, y tiene razón. Y con frecuencia cambia de jardinero, y vuelve a empezar el mismo ciclo.

Qué se hace en cada uno

Una puesta a punto de septiembre suele llevar poda de recuperación de setos y arbustos que se han ido de forma, retirada de lo que no ha sobrevivido al verano, desbroce de lo que se ha convertido en matorral, una revisión seria del riego —que es donde está el origen de la mitad de lo demás— y, si hay césped, la decisión de si se recupera o se rehace. Es un trabajo de días seguidos, no de pasadas.

Carretilla en un jardín cargada de ramas leñosas viejas y raíces arrancadas, con más restos asomando por los lados.

Esto no sale de un recorte. Son ramas viejas y raíces arrancadas, y es la parte de la diferencia que se puede ver: por dónde va el trabajo se nota en lo que se llevan, no en lo que se corta.

Un mantenimiento es la pasada periódica: corte, recorte, hierbas, revisión rápida del riego y retirada de restos. Cada cuánto depende del jardín y de la época, y esa frecuencia es lo que realmente mueve el número.

El riego merece un aparte porque es lo que más se subestima. Si el origen del atraso fue una avería, arreglar el jardín sin arreglar el riego es pagar dos veces: el año que viene estarás en el mismo sitio. Cómo se comprueba si el agua está llegando de verdad lo contamos en cuánto regar el jardín en verano.

Cómo pedirlo para no pagar de más

Pide las dos cosas por separado. Un importe para la puesta a punto, con lo que incluye, y otro para el mantenimiento a partir de ahí. Si vienen en un solo número mensual, no sabrás cuál de los dos estás pagando —y lo estarás pagando los doce meses, porque una cuota no baja sola cuando el trabajo grande ya se ha hecho—.

Pregunta qué pasa con la cuota después. Es la pregunta que lo destapa todo. Un presupuesto honesto contesta que baja, o que siempre fue solo de mantenimiento y la puesta a punto va aparte. Si la respuesta es que se queda igual, ya sabes qué te están vendiendo.

Acepta que la puesta a punto se puede repartir. No todo es urgente en septiembre. Lo que no puede esperar es el riego y lo que haga peligro; el resto —replantar, rehacer un arriate, reconstruir un seto— tiene mejor momento en otoño, que además es cuando se planta aquí. Repartirlo en dos o tres tandas cuesta lo mismo y sale mejor.

Y no pidas precio sin fotos. El desfase no se describe por teléfono: «está un poco descuidado» significa cosas muy distintas. Cuatro fotos y las medidas aproximadas evitan la visita, y sobre todo evitan el presupuesto de compromiso que luego se corrige al alza. Qué conviene tener contestado antes de llamar a nadie está en precios de jardinería.

En una comunidad esto tiene una vuelta más, porque el que decide es una junta y el presupuesto entra en un acta. Ahí conviene que la puesta a punto vaya como partida extraordinaria y no dentro de la cuota anual, por lo mismo: qué mirar en el contrato de jardinería de la comunidad.

El resumen

En septiembre casi todo el mundo pide mantenimiento y lo que tiene delante son dos trabajos. Uno sube el nivel y se hace una vez; el otro lo sostiene y se hace siempre. Pedirlos por separado no es desconfianza: es la única forma de saber qué estás comprando, y de que la cuota del año que viene sea la de mantener un jardín que ya está bien.

¿Buscabas el servicio en vez de la explicación? Precios.

¿Prefieres que lo hagamos nosotros?

Cuéntanos qué tienes y te damos precio por escrito en menos de 24 horas.

LlamarWhatsApp