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Blog · Mantenimiento del césped

A qué altura cortar el césped, y por qué raparlo sale caro en agua

La altura de corte es el ajuste más barato que existe en un jardín y casi nadie lo toca. Aquí decide cuánta agua vas a tener que poner el resto del verano.

Sergio DomínguezPor Sergio Domínguez9 min de lectura

De todo lo que se hace en un jardín, cortar el césped es lo que más veces se repite y sobre lo que menos se decide. La altura viene puesta de fábrica en la máquina, nadie la toca, y el criterio suele ser que cuanto más bajo se corte más tardará en volver a hacer falta.

Ese criterio es razonable y es exactamente el contrario del que conviene. La altura de corte es el ajuste más barato que existe en un jardín, y en esta costa decide buena parte de lo que vas a gastar en agua el resto del verano.

La hoja también es un tejado

Lo que se ve de un césped es hoja, y la hoja hace dos cosas a la vez. La que todo el mundo tiene en la cabeza es alimentar a la planta. La otra es tapar el suelo.

Un césped alto proyecta sombra sobre su propia tierra durante todo el día. Debajo, el suelo está más fresco y pierde bastante menos agua. Un césped rapado deja esa tierra descubierta, y aquí, cuatro meses al año, descubierta significa a pleno sol.

El mismo césped, dos alturas

Un césped alto se hace sombra a sí mismo. La hoja que ves por arriba es también un tejado: debajo, la tierra está más fresca y pierde bastante menos agua que si estuviera descubierta.

Al raparlo, ese tejado desaparece. Queda igual de verde visto desde arriba, y por eso parece que no ha pasado nada. Lo que ha cambiado está abajo: el sol pega ahora directamente sobre la tierra.

Y la diferencia la acabas poniendo tú. Un suelo al sol se seca antes, así que el mismo césped pide más minutos de riego para aguantar la misma semana. Subir la altura de corte es el ajuste más barato que hay en un jardín.

Por eso el mismo césped, con el mismo riego, aguanta la semana o no según a qué altura se haya cortado. No es que la planta se ponga tiquismiquis: es que le has quitado la sombra al sitio del que bebe. Lo demás que de verdad ahorra agua está en cuánto regar el jardín en verano.

Y debajo pasa lo mismo

Hay una segunda razón, menos visible y con más consecuencias a medio plazo. La raíz de una gramínea guarda una proporción bastante estable con la hoja que tiene arriba: un césped que se mantiene alto desarrolla más raíz que el mismo césped rapado.

Más raíz significa más profundidad de donde beber, y eso es justo lo que separa a un césped que aguanta una semana de sequía de otro que amarillea en tres días. Raparlo no solo le quita la sombra: le recorta también la despensa.

La regla que sí hay que respetar

Sobre la altura exacta no te voy a dar un número, porque depende de la especie que tengas y de la máquina, y un número inventado aquí no te sirve de nada. La regla que sí es universal y que sí puedes aplicar hoy es otra:

No quites más de un tercio de la altura en una sola pasada. Si el césped está a quince, no bajes de diez. Si se ha ido a veinte, no lo dejes en ocho aunque ocho fuera su altura de siempre.

El motivo es el mismo que con la poda de un árbol: quitar mucha hoja de golpe deja a la planta sin con qué producir, y lo que hace entonces es tirar de reservas y parar. Se nota enseguida, porque un césped al que le han quitado demasiado de una vez se queda pajizo dos o tres semanas.

El caso de aquí: volver y encontrarlo alto

Esto es lo que más se repite en esta costa y casi no se escribe en ningún sitio, porque solo pasa donde hay muchas casas de temporada.

La casa se cierra, el césped sigue creciendo —aquí no se para casi nunca del todo— y cuando alguien vuelve se encuentra un césped que le llega por el tobillo. La reacción natural es pasarle la máquina a la altura de siempre y dejarlo como estaba. Y eso es un corte del setenta u ochenta por ciento de golpe.

Lo que se hace en ese caso es bajarlo en dos o tres pasadas repartidas a lo largo de una semana o diez días, quitando un tercio cada vez. No queda perfecto el primer día, pero es la diferencia entre un césped que se recupera y uno que pasa el mes siguiente amarillo. Si el jardín lo lleva alguien, esto es algo que se puede pedir por escrito: que no se rape de una pasada aunque venga alto. Qué más conviene dejar puesto por escrito está en el contrato de jardinería.

Cada cuánto, que es la otra mitad

La altura y la frecuencia no son dos decisiones, son una. Si quieres mantenerlo alto y respetar el tercio, tienes que pasar la máquina más a menudo mientras crece rápido; si pasas de tarde en tarde, te vas a ver obligado a cortar más de la cuenta.

La frecuencia no se decide por calendario sino mirando: se siega cuando ha crecido lo suficiente como para poder quitarle un tercio y dejarlo a la altura que quieres. En primavera eso puede ser cada semana; en agosto, con la planta medio parada por el calor, mucho menos.

Y aquí conviene decirlo claro: el césped no deja de crecer en invierno. Se ralentiza, pero con estas temperaturas hay que seguir cortándolo, menos veces. El que guarda la máquina en octubre y no la saca hasta marzo se encuentra en marzo exactamente el problema del apartado anterior.

Qué hacer con lo cortado

Si el corte es frecuente y no se ha quitado mucho, lo que sale es pequeño y se puede dejar en el césped en vez de retirarlo. Al descomponerse devuelve al suelo parte de lo que la planta tomó, y mientras tanto hace de acolchado, que es otra vez lo mismo de antes: menos suelo desnudo, menos evaporación.

Carretilla cargada hasta arriba de hierba recién cortada, con un rastrillo apoyado encima, sobre un césped con restos de siega por el suelo.

Esto es lo que sale de un corte largo, y es la razón por la que no se puede dejar en el césped: no hay forma de que eso se descomponga repartido. De una siega de mantenimiento sale una fracción de esto.

Lo que no se puede hacer es dejar los restos cuando el corte ha sido largo. Esa cantidad no se descompone, se apelmaza en capas que asfixian lo que tienen debajo y acaban dejando calvas. Cuando el césped viene de alto, los restos se retiran; cuando la siega es de mantenimiento, se quedan.

Dos señales de que estás cortando mal

  • Se queda pajizo un par de días después de cada siega. Es el síntoma de quitar demasiado de una vez, y de tener la cuchilla sin filo: una cuchilla gastada no corta, desgarra, y la punta desgarrada se seca y se ve blanca.
  • El suelo se seca mucho antes de lo que se secaba. Si el riego no ha cambiado y el césped empieza a pedir agua antes, lo primero que hay que mirar no es el programador: es a qué altura está la máquina.

El resumen

Cortar bajo parece que ahorra trabajo y lo que hace es aumentar el riego, porque le quita al césped la sombra que se daba a sí mismo y la raíz que iba con ella. La altura concreta depende de la especie, pero la regla del tercio vale siempre: no quites más de un tercio en una pasada.

Y si vuelves y te lo encuentras alto, bájalo en dos o tres veces a lo largo de una semana. Es la única parte de esto que no admite atajo, y es justo donde todo el mundo lo toma.

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